...EL ROMANCE EN LA LENGUA...

¡Aviso!

Este blog contiene textos ficcionales. Todo parecido con la realidad NO es mera casualidad, es simplemente parecido.
Si usted se siente identificado con algun texto, váyase a cagar. Seguramente algo mal hizo para ser musa de la desquiciada mente de la autora.

Leé - El libro

lunes, 13 de febrero de 2012

Primer Amor

El amor siempre estuvo ahí, siempre. Esperándome.

Nací en Buenos Aires. Viví en Almagro durante veintidos años de mi vida. Hasta que fué tiempo de independizarme y mudarme quince cuadras más lejos, hasta el famoso barrio de Villa Crespo.
Todo el mundo cuando se muda sale a pasear por su nueva manzana, empieza a conocer los negocios y anota mentalmente direcciones necesarias: zapatería, tintorería, panadería...
Yo hice lo propio. Con la salvedad de que a mí, nadie me esperaba en casa para saber cómo me había ido. Ni para comer, ni para charlar, ni para cojer.
Al principio salía a caminar sin rumbo y me encontraba con cosas inesperadas. Un teatro nuevo, una galería escondida por rejas, negocitos de arte que no había visto...
Y así empece a recorrer Buenos Aires de punta a punta. Entré al teatro Colón y a los túneles de la Manzana de las Luces. Me asomé al balcón en la Casa Rosada y le toqué la puerta a Mauricio Macri en el edifico del Gobierno de la Ciudad. Aprendí de flora en el Jardín Botánico y me saqué una foto con la fuente del Jardín Andalúz en el Museo Larreta.
Era inacabable. Cuanto más conocía más quería conocer. Meterme en esos lugares donde nadie se había metido, apropiarme del disfrute de la contemplación de lo bello. Estaba apasionada con mi ciudad, en la que siempre había estado y hasta ese momento no había visto.
Buenos Aires me deslumbró con su belleza y me mantuvo apasionada durante meses, durante años. Dejé de sentirme sola, porque cuando caminaba por la calle, de la oficina a mi casa, estaba paseando por mi amada ciudad. Los trámites dejaron de ser un suplicio y aprovechaba para meterme de improvisto en cualquier edificio histórico. Es fácil caer en lo no verbalizable cuando uno entra al salón dorado de La Casa de la Cultura.
Cumplí 23 y 24 dentro de una sala de teatro. No eran obras trascendentes, ni salas majestuosas, se trataba de propuestas teatrales de las que abundan en Buenos Aires, y no había ninguna otra forma, para mí, de cumplir años, que no fuera en companía de mi amor.
Estudié Historia del Arte en la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes, ví cine en el Malba, invité a mis padres a conocer El Museo de Arte Decorativo y cuando me cansaba de caminar, paraba a tomar café en Las Violetas.
Pero durante nuestros años idílicos no fué todo color de rosas.
Me agarré mis buenas pataletas viendo como mi amada y única, mi hermosa, era ajada y destrozada y arruinada por bándalos de edades diversas. Me rebelé cotra la gente que la ensuciaba adrede, y quise quemar a más de un colectivo que por pura desidia de sus dueños evitaban que MI cielo azul luciera su tonalidad plena por el smog mugroso que largaban.
Odié a los turistas que inundaban la calle Florida con su presencia cuando yo quería circular sin interrupción ida y vuela, viendo vidrieras y parando en los puestos de revistas. Era MI ciudad, mía y no podía asumir, en mi rincón más irracional, que otros quisieran robarme el usufructo.
Los domingos a la mañana se ponía hermosa para mí. Solitaria, calladita. Retumbando a la juventud que pasó sin percibirla mientras yo dormía. ¡No sea cosa que diga que yo la abrumo y no le doy espacio! Caminaba por el Parque Centenario yendo a comprar facturas para el mate matutino y respiraba Buenos Aires. Mi alma estallaba de regocijo.

Como todos los primeros amores, por razones que no estan del todo claras, uno deja de sentir esa absoluta devoción por el otro. Convive con el recuerdo del primer amor y continúa, en busca del definitivo. Los 25 me encontraron haciendo el amor con un hombre de carne y hueso. De él también me enamoré. Le juré fidelidad desde que supe que lo amaba, pero ,entre nosotros, cada tanto lo dejo mirando futbol y me tomo el subte hasta Plaza de Mayo.

jueves, 9 de febrero de 2012

Divertido

Esto, esto que estamos haciendo, debería ser divertido.
Eso me dice. Como si yo no supiera que DEBERÍA ser divertido. Entretenido al menos.
Y no es. Que algo estamos haciendo mal, dice. "Estamos" para no echarme la culpa que considera que tengo. Ella también es parte del problema.
Le digo que prefiero bajar la persiana y pasar a otro asunto, que el tiempo que perdí, que invertí mejor dicho, ya fué suficiente, más no tengo, voy a cumplir 27 y estoy grande.
Grande para qué me pregunta como si no supiera. Grande para seguir empujando cuando claramente la pija es corta. Que ejemplo tan fálico, opina. Las palabras no son inocentes. Y vos no tenes la pija corta, vos no tenes pija, me recuerda.
Por eso, retruco, es inutil seguir empujando, no hay nada que poner. No puedo, no puedo, no sé cómo, me harté de que me menosprecien quienes podrían ayudarme.
Te hartaste, repite, condescendiente. Tratando de exasperarme más de lo que ve que estoy. No entiendo a qué va.
Si, me harté. ¿No me puedo hartar? ¿Cuánta mujer suelta circula por la vida sin sospechar siquiera lo que otras estamos necesitando construír? ¿Cuánta mujer va a la manicura dos veces por mes? Y bueno, ahí esta.
Y vos pensas que vas a durar cuánto haciendo esa vida, pregunta.
No sé, lo que dure. Me dedicaré a consumir cultura y a ser linda. Y otra vez intento revelarme contra lo que se espera de mí. O se espera que yo desee para mí. Terminar con este capítulo carpochoso de mi vida donde de puro soberbia pensé que había forma.
Hacé lo que quieras, nadie te obliga a nada, dice.
Se merece como mínimo un sopapo. Sí me obligan le digo. Vos me obligas. VOS me recordas durante cada minuto de mi existencia que NO estoy haciendo lo que DEBO hacer. Voy a tener un ataque de pánico y te lo voy a dedicar.
Se supone que esto que estamos haciendo tiene que ser divertido, dice, si no es divertido, algo estamos haciendo mal.

¿Cómo es que no tengo un Rivotril en casa? ¿Cuándo fué que alguien me convenció de que los psicofármacos son peligrosos?

No me puedo dormir. No me puedo dormir. No me puedo dormir.

Todas las puertas estan cerradas, y yo desfallezco de impotencia.

lunes, 6 de febrero de 2012

Perder

Con la ropa se van los tabúes. Eso es siempre primero.

Después se pierden mayoritariamente los puntos de vista y la perspectiva. Se empiezan a conjugar los verbos en tiempo condicional aún sabiendo que los supuestos planteados nunca son ni serán reales.

Se sigue por el sacrificio de la razón y del sentido. Se sucumbe en la más humana locura no medicable donde los actos y discursos carecen de sustento. La inseguridad gana territorio.

Luego viene la etapa, más apacible, de la pérdida completa de identidad. El ser se olvida de sí y se transforma en un despojo de sentimientos no verbalizados y pura sexualidad. Perdió el uso del lenguaje asi que se ve en la necesidad de citar a otros casi continuamente.

Concluído el idilio, se evita so pena de muerte anoticiarse del paso a mejor etapa. Se traen los recuerdos como catalizador de la relación y se continúa haciendo como que nada ha sucedido en las mentes de los involucrados. De todas formas se evidencia una reaparición de la capacidad cognitiva y a partir de ahí el ser es capaz de negar a inconciencia lo que antes realmente no sabía.

Por último se llega al lugar donde los recuerdos ya no son suficientes. La mente está plenamente recuperada y dejó, figurativamente hablando, de comer mierda. Los mecanismos que antaño activaron la sinrazon ya no son efectivos. La libertad es recibida de maneras diversas. Muchos no la quieren por más que sepan que no es electivo. Hay otros que la miran de sopetón, como recordándola de otra vida. Los más se sienten vacíos y desesperados buscan otro carcelero que los mantenga lejos, lejísimos, de mirar a los ojos a quien, sin verbos condicionales, los pueda amar.

viernes, 3 de febrero de 2012

Colaboración

Señoras, señores, he colaborado con Revista Cotorra con la agenda cultural.
Para los curiosos, acá va:
http://www.revistacotorra.com.ar/2012/02/agenda-invitada.html
Salút!