Me volvería loca si no supiera que su partida es temporal. Incluso así tengo el corazón roto, como Penélope que sabe que no espera en vano pero que igual, se la pasa sufriendo.
Los ruidos de la calle ahora son perceptibles. Tengo miedo. ¿Yo miedo de estar sola? Si. Fácilmente me acostumbre a la seguridad de tenerlo cerca y ahora soy más desamparada que Tamara.
No descubro el tremendo amor cuando me falta, no. Soy de las escépticas recuperadas, de las que tuvieron que aceptar mordiéndose el orgullo que no todo en la vida es castigo. No sé cuándo pasó que empecé a ser esta que escribe.
O que ya no escribe y desea desesperadamente poder hacerlo.
No sé si es posible volver a Penélope por cuatro días... y tampoco sé si alguna vez fuí más Penélope que ahora.
Sí quiero contarles que cuando me toque ir a un cumpleaños en un boliche y se me acerque el más imbécil de todos los flacos a preguntarme "a qué me didico" o "qué hago de mi vida" al pergamino de mis actividades cotidianas, le voy a adosar "mujer de..".
viernes 26 de agosto de 2011
lunes 8 de agosto de 2011
Big Love
Obvio que el tiempo es irreversible. No hace falta golpearse el dedo chiquito del pie contra la silla para saber que no se puede volver atras. Ni hacer diferente. No ser diferente.
La sensación de irreversibilidad se me manifiesta absoluta cuando se me hace carne la desolación tan cierta y tan incierta de no tenerlo. De que me ame diferente, de que me quiera distinto.
No hablo de catástrofes cinematográficas... es más el temor a la fuga gradual pero constante del amor. Miedo a que un día ya no sea ni el paraíso ni el infierno.
Irreversible porque ni siquiera la certeza de mudarnos juntos me lleva al estado de seguridad anterior. Cuando era yo me tenía para siempre. Y así nomás de una y para siempre me arrimé al abismo del dúo donde la sola aparición de la pollera indicada puede derrumbar todo.
Irreversible porque me doy cuenta que lo que yo llamaba tiempo libre era tiempo sola.
Todo esto venía a que cuando veo Big Love me dan ganas de abrazar a mi hombre y de llenarlo de besos por quererme solo a mí.
La sensación de irreversibilidad se me manifiesta absoluta cuando se me hace carne la desolación tan cierta y tan incierta de no tenerlo. De que me ame diferente, de que me quiera distinto.
No hablo de catástrofes cinematográficas... es más el temor a la fuga gradual pero constante del amor. Miedo a que un día ya no sea ni el paraíso ni el infierno.
Irreversible porque ni siquiera la certeza de mudarnos juntos me lleva al estado de seguridad anterior. Cuando era yo me tenía para siempre. Y así nomás de una y para siempre me arrimé al abismo del dúo donde la sola aparición de la pollera indicada puede derrumbar todo.
Irreversible porque me doy cuenta que lo que yo llamaba tiempo libre era tiempo sola.
Todo esto venía a que cuando veo Big Love me dan ganas de abrazar a mi hombre y de llenarlo de besos por quererme solo a mí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)