...EL ROMANCE EN LA LENGUA...

¡Aviso!

Este blog contiene textos ficcionales. Todo parecido con la realidad NO es mera casualidad, es simplemente parecido.
Si usted se siente identificado con algun texto, váyase a cagar. Seguramente algo mal hizo para ser musa de la desquiciada mente de la autora.

Leé - El libro

jueves 30 de junio de 2011

viernes 10 de junio de 2011

Dieta

Esta bien, todas las minitas hablan de la dieta, yo hablo de dieta, soy una minitah. Pensamiento lógico, se ve que me estoy contagiando del ingeniero.
Decía.
Ya entendí todo.
Las gorditas vamos por la vida contentas, disfrutando de las calorías, de las grasas trans, de los carbohidratos. Despreocupadas de qué pasa con nuestra digestión o a qué hora comimos por última vez, haciendo otras cosas, quiero decir.
Y de repente te das cuenta que hiciste demasiadas otras cosas (o que se te viene un estreno y necesitas algo que te saque de la cabeza esa preocupación) y decidís así como quién no quiere la cosa, empezar la dieta.
Al principio no te importa mucho, estas entusiasmada con tu nueva figura por ser, contas las cucharas de queso blanco light, suspendés el aceite... bárbaro. Pero no bajas nada, ni medio gramo.
Perceberás. Culpás a tus problemas con la insulina por no haber adelgazado ni medio gramo, y seguís firme y entusiasmada con el concepto hipocalórico. Entre queja y queja alguien osa recomendarte que hagas actividad física. Lo seguís descartando, por principios.
La tercera semanas ya empezas a ponerte de mal humor. No tanto por el aburrimiento alimenticio sino porque aunque te lo estas recontra fumando, el paraíso se hace esperar.
Más gente te sugiere que vayas al gimnasio. A más gente decidís dejar de hablarle. No aflojás con la dieta pero te lo empezas a plantear.
Y acá llegamos al kid de la cuestión. La cuarta semana. Seguís sin perder ni medio centímetro de contorno. Seguís sin romper la dieta. Se te fué el mal humor, pero también se te fueron las ganas de vivir. Sobreviene el aburrimiento. No podes, ni te planteas, dejar la dieta. Después de un mes de tostaditas light un Combo te parece nitroglicerina. Te das cuenta que tu vida entró en una meceta. Ya no te importa bajar de peso, no te importa comer casi exclusivamente productos comprados en dietéticas. Ya no te importa nada, en conclusión. Te convertiste en un ente dietante sin voluntad.
Y ahí, con tu último soplo de vida, te das cuenta de que los muertos no engordan. Sentí que entendí todo. Las dietas empiezan a actuar después de haber aplastado la vida de quién las hace. Y punto.

Ah, algo más que venía pensando hoy... ¿No les parece anti-natural ir a correr a una cinta o a pedalear a una bicicleta fija? Es como ir al hospital a hacerse diálisis o cambiarse la bolsa de colostomía, pero estando sanos. No me vengan con que es bueno para la salud eh... en cien años todos los giles que hoy van al gimnasio van a ser vistos como parte de una secta religiosa con rituales ridículos, van a ver. Imaginense cómo verían nuestros gimnasios la gente que vivió en 1900.... bueno, así lo veo yo también. JAMAS ME VAN A ENGANCHAR, sepanlo.

Si, estoy estrenando y me pone nerviosa, no es con ustedes.
Ya que estoy paso el chivo: La Compra, 2 de Julio a las 20hs en El Fino espacio teatral.

domingo 5 de junio de 2011

Calzas grises

Sucumbí a las presiones sociales. Tanto en botas como en calzas. En mi defensa sólo diré que son MUY calentitas. Pero no importa... ahora que ya lo saben, una adivinanza ¿A quién me parezco?






¿No saben?




¿No se les ocurre?




¿Posta?



Era fácil chicos, Luis XIV. Y ahora si, me voy a suicidar.