Es curioso lo que descubrí el viernes.
Si, porque pareciera que ciertas personas creen que el gimnasio es un templo budista. No quiero decir que entran descalzos, más bien todo lo contrario. Se calzan las llantas cual trapito de Barrio River y way que tengan una manchita, way.
En el gimnasio se curte zapatilla limpia. Sobre todo blanca y limpia.
Obviamente las mías no se lavan desde 1992 (eran de mi madre) y eso me lleva a preguntarme si me mirarán mal por eso... (¿O será que saben que los odio a todos? ¿Saben que planeo MUY seriamente poner una bomba?)...
En fin, descubrí el temita de la zapatilla blanca. Y me dió un poco de rabia, o sea más que antes, pero digo, ¿Qué necesidad hay de gastar agua en lavar algo que no sirve más limpio que sucio? Te entiendo lo de la pollerita que dice Body Sistems, te entiendo esto de gastarte medio sueldo en un conjunto Nike para "runers" (porque Nike no hace outfeets para gimnásticas, ejem), ¿¿¿Pero las putas zapatillas de punta en blanco todos los santos días???
¿Cuántos pares tenés?
Y eso me lleva a otro gran descubrimiento sociológico:
Las minas que aman el gimnasio 1) Son solteras o 2) Viven con sus madres.
Otro día hablaremos de por qué Vicky se pone arriba de la musculosa una remera manga corta...¿No tiene calor? ¿Eso nos quiere decir? Ya habrá tiempo para eso. Ahora quería hacer una breve reflexión a cerca del, llamémosló, llantismo.
La mina triste, infrarealizada, simple... siente que la zapatilla blanca es como un Ricky Sacarni brand new. Se cree que la zapatilla hace las veces de zapato de cenicienta y por lo tanto, sería desagradable que el príncipe azul (en este caso la colchoneta azul) tocara un calzado roña. Se siente bella montada en sus llantas, como caballos blancos. Y no importa si del tobillo para arriba es un mar de chivo salado y oloroso, no importa, porque las zapatillas están blancas. Y radiantes. Y tal vez sea la única vez que alguien hable de ellas como "radiantes" y lo saben. Dusfrutan los microsegundos que les dura el salto y hacen de sus zapatillas palomas mensajeras, que volando llegan al espejo y rebotan y les devuelven una imagen idealizada de ellas mismas y las motiva y se esfuerzan por levantar más las piernas, más. Se excitan con el chivo goteándoles por el escote, por la panza, por fuera de la ropa hasta a penas rozar la media y hundirse en el algodón alcolchonado de sus Nike Sports Woman.
Hasta que la música punchi se termina y mientras yo le agradezco al díos de todos los intelectules amantes del arte, ellas se deprimen porque el reloj dió las doce y se trasnformaron en quienes realmente son. Y hieden. Y se ven incogibles.
"Elongamos". Yo calculo los segundos para huir... y sumo puntos a mi idea de esconder una calibre 32 en la cartera. Ellas se miran con desdén. Hasta mañana a las siete, pondrán la vida en stand by.
1 comentarios:
Muy bueno Tami. Viven en un universo aparte las minas de gym. Y te cuento que también hay unos cuantos flacos que sufren de un síndrome parecido.
En lo que a mi respecta, mis zapatillas rotosas de hace 5 años más o menos todavía se la bancan para correr en la cinta jajaj
Beso grande
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