...EL ROMANCE EN LA LENGUA...

¡Aviso!

Este blog contiene textos ficcionales. Todo parecido con la realidad NO es mera casualidad, es simplemente parecido.
Si usted se siente identificado con algun texto, váyase a cagar. Seguramente algo mal hizo para ser musa de la desquiciada mente de la autora.

Leé - El libro

martes 18 de octubre de 2011

Perder

Sentada en la mesa de la cocina, sola al fin, se preguntaba qué es lo que había querido decir con eso de animarse a perder.

¿Animarse a perder qué?

Repasaba su razonamiento una y otra vez tratando de encontrar un ejemplo donde perder no fuera malo, donde no significara renunciar, donde lo que se resigna no hiciera doler.

¡Yo quiero todo! Se dijo. ¿Cómo podría, en mi sano juicio, elegir perder? Si la vida me da cosas, si yo misma genero, si incluso el azar me favorece de tanto en tanto, ¿para qué resignar un pedazo?

¡Sólo yo sé amar como yo sé! Que inaudito pensar que renunciar puede traer goce… No, no. Lo que habría que hacer es eficientizar el sistema para acopiar más y mejor. Porque lo dije dos renglones atrás y lo repito, ¡yo quiero todo! ¡Todo lo que esta vida tenga para dar!

Y no, no es que tenga pensado qué quiero. Digo nomás, que si cae maná del cielo sería estúpido tener antojo de otra cosa. Sería natural, tal vez, pero estúpido. Y yo no soy estúpida. Elijo pensar y decidir y eso me hace coherente. Nadie en su sano juicio podría elegir perder.

Acepto, sin embargo, que la escena final del Guardaespaldas me emociona. Los arrebatos de pasión holiwoodenses me entretienen pero no se asemejan a la vida misma. Nadie abandona algo que ama porque sí, porque es más cómodo, porque no es correcto. No. La gente de verdad intenta charlarlo, they talk it over (la expresión en Inglés es mucho más adecuada), y si él y su afán de libertad y ella y su mal carácter no son compatibles hacen terapia de pareja.

¿Qué es eso, entonces, de animarse a perder? ¿Se habrá vuelto loca? ¿Habráse unido a los Testigos de Jehová?

¿Qué se hace con alguien que defiende un dogma a rajatabla? Alguien a quien queres, digo.

Haciendo una introspección como si estuviera con la psicóloga me pregunto qué significa para mí la palabra perder… Mi mamá me retó una vez cuando era chiquita por dejarme los aparatos en un restaurant. No me olvido más de eso. Y… no sé, nada más. O sea que la sensación de perder está relacionada con la falta, con el castigo… ¡Y si, porque perder es A TODAS LUCES, malo!

¿Entonces?

Entonces no sé, me perdí.

(Y eso, claramente, es malo).