Y trataba de resumir en 140 caracteres los pensamientos y reflexiones de una hora de saltimbanqui al reverendo pedo.
"Deberían prohibirle la entrada a estas chicas", pensaba. Esto claramente no puede ser saludable. Si a los ludófilos habría que sacarlos a patadas en el culo de los casinos, a las gym-freaks, habría que esperarlas en la entrada con una ambulancia y tratarlas con ansiolíticos. No, en serio lo pienso eh.
Porque, ¿Cómo se llama al individuo que disfruta de ser torturado? Loco de mierda. ¿Y no estamos todos de acuerdo en que ir al gimnasio ES una tortura? ¿Entonces?
No podía creer, mientras lidiaba con el dolor punzante debajo de la costilla derecha, mientras mis gemelos pedían el cambio, cómo las dos imbéciles de adelante mío se miraban al espejo y disfrutaban de la imagen que veían. Se excitaban más. Como si verse transpiradas y cansadas les aumentara el deseo de seguirse agotando. ¡Por díos! ¡¡Eso no es ni femenino!! ¡Una mujer que se precie de tal no dejaría que ningún hombre la viera en ese estado de decadencia, hay que decirlo!
Y lo peor, lo más triste de todo, es que de tanto saltar muy alto muy alto, tienen unas macetas que mi balcón envidiaría. Y cero cintura. Y necesitan usar corpiño con push up abajo del top para hacer creer que todavía conservan algun resabio de naturaleza femenina. No les creemos.
No veo la dificultad de encarar que son varones nacidos en un cuerpo equivocado y hacerse el cambio de sexo... Vicky se transforma en Victor y Juli en Julio o Julián. Y ahí todos contentos, porque tipos contentos en el gimnasio abundan, esos pueden seguir viviendo.
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