...EL ROMANCE EN LA LENGUA...

¡Aviso!

Este blog contiene textos ficcionales. Todo parecido con la realidad NO es mera casualidad, es simplemente parecido.
Si usted se siente identificado con algun texto, váyase a cagar. Seguramente algo mal hizo para ser musa de la desquiciada mente de la autora.

Leé - El libro

lunes 18 de julio de 2011

Cotidiano

Es cierto que no me gusta ni un poco bañarme. Estar limpia si, pero bañarme, nada.
Me tocó el otro día.
Me acababa de poner el shampoo cuando escuché desde la ducha que Fer entró a casa. Me enjuagué la cabeza y esperé espectante. ¿Qué era la primero que hacía mi novio cuando llegaba a mi casa? Entró a saludarme. Asomé la cabeza por atras de la cortina y le dí un beso. Para muchos esto será una nada tremenda. Para mí fué el summum del amor. No, no del amor... de la realidad.
Desde el momento en que lo escuché entrar me empecé a senir así, como orgullosa. Un hombre tenía las llaves de mi departamento y se sentía en casa en MI casa. Un día cualquiera, en una situación cualquiera, en lo más absoluto de lo cotidiano, entró al baño a saludarme como quien no quiere la cosa. No se excitó como adolescente con la idea de verme una teta, no se desnudó y se metió conmigo en la ducha, esos tiempos ya habían pasado. Ahora compartíamos un día a día más tranquilo, más real, más de verdad.
Cuando salió me lo imaginé sacando una cerveza de la heledera y tirándose en la cama a ver la tele o a seguir trabajando. Supe que China lo iba a recibir imponiéndole una sesión de mimos y él, que ya empezaba a tomarle cariño, no iba a protestar. Yo, mientras, me terminaba de bañar. Salí, me puse el piyama y me senté al lado de él.
Hasta ese día yo había estado para recibirlo, para preguntarle si quería tomar algo, para invitarlo a mirar la tele. Pero conmigo en la ducha, tuvo que "hacerse en casa" él solito, como si no fuera mi casa, sino de los dos. Lo encontré tal como me lo había imaginado, con la gata en la falda y la cerveza en la mesa de luz.
Ese era mi hombre. Pero no estaba sentado en mi cama... de repente entendí que estaba sentado en nuestra cama. Y que había entrado a la ducha a saludar a su mujer que por fin se estaba bañanado, cansado de todo el día y deseoso de acostarse a hacer nada cinco minutos.
Y qué quieren que les diga, me sentí increíble.