Ya te digo que yo no le toqué el auto. Está bien, admito que no lo ví. ¡Pero yo estaba parada en doble fila con balizas esperando que corte el semáforo para poder estacionar! Él calculó mal, o no me vió, o no tenía luces por eso yo no lo ví a él, no sé... y se le rayó eso que no por mucho tiempo más va a seguir cumpliendo la función de auto.
Era de noche, estábamos en la avenida grande que está al lado de la costanera, más oscuro que la casa de Freddy Kruguer. El infeliz paró a veinte metros de mi muy-bien-estacionado auto y lo mandó al imbécil del hijo a patotearme, a decirme que YO le había hecho un rayón al auto.
Era obvio que lo que tenía que hacer en ese momento es llorar. ¿Qué más?
El pibito me dice, mirá loca, yo todo bien con vos pero el auto (buah, "auto") es de mi viejo y él está re caliente, que le hiciste un rayón, que ni miraste....pero dejame de joderrrrrr. Flaquito, los dos sabemos que vos te mandaste sin luces y que VOS no me viste a mí, yo TENGO las ópticas y ANDAN. Y como la ley lo indica, tenía puestas las luces avisandote que iba a estacionar... si vos calculaste mal y te chocaste con mi paragolpes.... qué se yo, fumatela.
Pero no le dije nada de eso. Obvio que no. En ese... falcon o chevy o algo así viejo y pintado de turquesa grasa-barrabrava-de-algun-club-de-la-b, habían no sé cuántos mortales y yo que parezco de 18, ese día, en jean y zapatillas, parecía de 14. Me iban a matar a golpes, a violar, a robar el auto... llorar. Pero no pude. No sé cómo, ni en qué afortunado momento, el personaje me poseyó.
Bueno, le dije. Mirá, estos son los datos del seguro. Llamálos. Y le dí al pibito la póliza, mientras con el piecito, le marcaba el ritmo. No sabía que escribir, pobre novato. Eh...estoy esperando a alguien, necesito que lo hagas rápido, le dije, altiva. Escribí mi nombre, los datos del coche y la póliza, casi le ordené desde la superioridad que da la plena ignorancia. Mi personaje era así.
El borrego escribió. Pero tardó tanto que se acercó papa oso. ¿Qué pasa? Dijo. Y empezó a decirme que él había visto cómo yo choqué a la otra camioneta (¿?) y bla bla bla, aparentemente furioso. Yo, calmada y serena, sin sentir pánico ni hacerme pish encima, nadando en las mieles de mi personaje pijudo, le comenté con la más absoluta frialdad que a mi no me constaba haberlo tocado, pero que en todo caso, no era conmigo con quien debía tratar. Para eso estan los seguros. Y lo miré. Los dos sabíamos que no iba a ver un mango, él lo que siempre quiso era que yo pelara un billete grande y se lo diera. Won´t happen, a otra minitah con ese cuento.
¿Sabe qué? me tengo que ir. Llega el avión. Creo que ya tiene todos los datos, ¿no? Se miraron. Miraron el papelito. No les falataba nada. Guardé mis documentos y crucé la calle a un paso lento, despreocupado. Entré al aeropuerto y me puse a llorar.
4 comentarios:
merecido por prejuiciosa en pensar que le iban a pedir plata y por actuar de autosuficiente
Cierto.... pero lo sigo pensando eh!!! Igual edtoy orgullosa de como me comporté!! ajajj
wow que historia !!
Pero estuviste re bien...
Nestum: Bienvenido!!!! estuve bien, no?? Una mina que no llora (en el momento) para variar!!! jajajaja
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