No nos conocíamos. No mucho al menos. Él creía que sabía mucho de mí y yo no había tenido ni tiempo ni ganas de aclararle nada, ¿para qué?. Vimos cómo el cielo, luminoso cuando nos encontramos, tomaba esa tonalidad violeta y se oscurecía de a poco... Él estaba apoyado sobre el respaldar de la cama, mirando por el balcón el espectáculo impresionista del ocaso urbano y yo, apoyada sobre él, disfrutaba en un estado de semi-vigilia de los mimos y caricias. No me importaba qué pensaba él porque estaba segura de que su mente se había vaciado por completo. Me gustaba eso.
Nunca pinté un cuadro pero supe en ese momento que nuestra desnudez era imprescindible para la composición de la pintura que tenía en mente. Quiero decir, cerré los ojos y nos ví desde atrás de una cámara de fotos, desde atrás de un atril, y supe que, de estar vestidos, la imagen no hubiera funcionado. Era ese momento, ese instante único e irrepetible el que debía captar. No sé cómo titularía la obra, sólo sé que hubiera sido verdadera.
No dije nada por un rato, me sentía enorme, irreproducible, mitológica. Creo que él también lo sentía, se respiraba en el aire. Se hizo de noche muy pronto y seguíamos sin desarmar radicalmente la posición. Los instantes maravillosos son efímeros pero nosotros éramos obstinados y no estábamos dispuestos a dejarlo ir así como así.
Su olor y su ritmo cardíaco se me habían pegado. Quería contarle todo, hablarle del cuadro, de cómo estaba segura que él lo había pintado también. Decirle que jamás nadie había entendido hasta él. Pero ¿cómo? ¿Cómo?
Me di vuelta y lo miré. Había pasado el momento solemne, la inspiración, lo mágico y ahora nos volvíamos a encontrar nosotros después del viaje. Me apretó contra él y me hizo rodar hasta quedar encima mío. ¿Cómo explicarlo? La pasión, la belleza de ese cuadro compartido, el arte puro estaba condensado en ese cuerpo que me agarraba y me tocaba y me excitaba. Lo indecible, lo inexplicable, lo que yo no había podido lexicalizar, estaba ahí. En el medio de los dos.
"Ahora vas a ver cómo se siente que te hagan el amor", me dijo. Y si vez tras vez me negué a usar esa terminología, supe que en ese momento no había otra más apropiada, más literalmente correcta. No sé si nos estábamos amando el uno al otro en el sentido moderno de la palabra amar, lo que sí sé es que ambos necesitábamos con urgencia poseer eso... esa unicidad, esa maravilla imposible que cada uno llevaba debajo de la piel.
miércoles 24 de noviembre de 2010
lunes 22 de noviembre de 2010
Señales
Idas y vueltas, idas y vueltas. Un año de que sis y que nos. Admito que algunos eran míos. Es que el tipo tenía una novia mochila instalada en su living y una carga de frustración intensa. Me usaba de musa, de escape, de motor... a la distancia. El temita de la infelicidad conyugal y de la aceptación del modo "familia" porque sí... no me atrae ni pizca, y este judío promedio era un prototipo de padre to be. Pero algo, algún encanto tenía porque no le corté el mambo tajantemente. Raro.
Un día, hace no mucho, una tarde, me agarró con la guardia baja, no sé. Impulsiva lo invité a casa. Terminemos con este ir y venir, vamos a hacer lo que tenemos que hacer y listo, total, esto no va a ir más lejos. Juro que pensé que iba a venir. Pero no, se excusó diciendo que no tenía tiempo, bla bla... la culpa. La culpa, me dijo, pero sobre todo el miedo a lo que pudiera llegar a sentir por mí.
Todo lo que se mereció por respuesta fué un "ok bye" y por supuesto, una valoración muy, muy baja de su masculinidad (No por no cagar a la novia, sino por no hacerlo por miedo a darse cuenta).
Unas semanas después me propuso encontrarnos. El jueves que viene en mi casa, tipo 4 de la tarde. Acepté sin mucha convicción: que viniera o no me daba igual.
Ese jueves estaba tapada de trabajo, pero aún así miraba el reloj expectante por saber qué excusa me iba a dar, si es que se dignaba a inventar una. No lo hizo, no apareció. Salí de la oficina a las seis de la tarde, puteando porque tenía que cambiarme para ir al gimnasio, actividad que hago por pura obligación y nada de placer.
A las siete entré al gimnasio y empecé mi circuito, con la mente en todos lados menos en el pito cortado que me había mandado un texto diciéndome que estaba tapado de laburo... hasta que, como por mandato del destino, la novia y futura esposa entró a mi gimnasio y empezó la ronda justo en frente mío. EN FRENTE MÍO. La conocía por fotos, nunca la había visto en vivo, pero tiene una cara tan particular que era imposible no reconocerla. (Es de esas que fotografían pésimo pero son muy lindas en vivo, lo opuesto a mí). Obviamente no le hablé, no la miré (mentira), no supo nunca quién era. La escuché contarle a la minita del gimnasio los detalles de su casamiento y recordé la poca simpatía que le tuve desde el vamos. Desde que leí los mensajitos de subnormal que le dajaba al novio en el Facebook. Se merece que la caguen, les juro.
Salí del gimnasio con una sonrisa de ironía en la cara... yo no creo en dios, pero ella debería. Esa tarde yo tenía que haber estado revolcándome con tu novio y en vez, me encontré con vos en un gimnasio de Buenos Aires... andá a Murillo flaquita, tenes mucho que agradecer. Yo, por mi parte, cerré el capítulo. Hay señales que prefiero no ignorar.
Un día, hace no mucho, una tarde, me agarró con la guardia baja, no sé. Impulsiva lo invité a casa. Terminemos con este ir y venir, vamos a hacer lo que tenemos que hacer y listo, total, esto no va a ir más lejos. Juro que pensé que iba a venir. Pero no, se excusó diciendo que no tenía tiempo, bla bla... la culpa. La culpa, me dijo, pero sobre todo el miedo a lo que pudiera llegar a sentir por mí.
Todo lo que se mereció por respuesta fué un "ok bye" y por supuesto, una valoración muy, muy baja de su masculinidad (No por no cagar a la novia, sino por no hacerlo por miedo a darse cuenta).
Unas semanas después me propuso encontrarnos. El jueves que viene en mi casa, tipo 4 de la tarde. Acepté sin mucha convicción: que viniera o no me daba igual.
Ese jueves estaba tapada de trabajo, pero aún así miraba el reloj expectante por saber qué excusa me iba a dar, si es que se dignaba a inventar una. No lo hizo, no apareció. Salí de la oficina a las seis de la tarde, puteando porque tenía que cambiarme para ir al gimnasio, actividad que hago por pura obligación y nada de placer.
A las siete entré al gimnasio y empecé mi circuito, con la mente en todos lados menos en el pito cortado que me había mandado un texto diciéndome que estaba tapado de laburo... hasta que, como por mandato del destino, la novia y futura esposa entró a mi gimnasio y empezó la ronda justo en frente mío. EN FRENTE MÍO. La conocía por fotos, nunca la había visto en vivo, pero tiene una cara tan particular que era imposible no reconocerla. (Es de esas que fotografían pésimo pero son muy lindas en vivo, lo opuesto a mí). Obviamente no le hablé, no la miré (mentira), no supo nunca quién era. La escuché contarle a la minita del gimnasio los detalles de su casamiento y recordé la poca simpatía que le tuve desde el vamos. Desde que leí los mensajitos de subnormal que le dajaba al novio en el Facebook. Se merece que la caguen, les juro.
Salí del gimnasio con una sonrisa de ironía en la cara... yo no creo en dios, pero ella debería. Esa tarde yo tenía que haber estado revolcándome con tu novio y en vez, me encontré con vos en un gimnasio de Buenos Aires... andá a Murillo flaquita, tenes mucho que agradecer. Yo, por mi parte, cerré el capítulo. Hay señales que prefiero no ignorar.
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narracion
domingo 21 de noviembre de 2010
Yo no tiro fruta.
Tanto me gustan las frutas que parece ser que me mimeticé con ellas:
Empiezo por lo obvio: mis inferiores se asemejan peligrosamente a la cáscara de naranja... aunque hay que decirlo también, sin algunos procesos un tanto barbáricos, el resto de mi cuerpo tendría la textura super-erotizante de un kiwi. Continuando para arriba, mi medios tienen forma de manzana, mis superiores de melón y mi cara, de vez en vez (o de mes en mes) textura de frutilla. Claro, eso si no fuí al gimnasio, en cuyo caso parece ser que me matamorfoseo en un gran tomate redondo que ni siquiera tiene el glam de ser perita, sostenido por dos...calabazas más bien medianas.
Mi color: bananezco. Mis ojos: Almendrados. Mi expresión favorita: ¡Papa, ya!
Y por supuesto, de ponerle precio, la unidad de media sería el mango ;)
Debo agregar, porque es pertinente, que la parte buena de la cuestión es que la fruta de plástico no sólo no es comestible, sino que aparte es ordinaria, es fea y sobre todo, antinatural.... ustedes sabrán.
Empiezo por lo obvio: mis inferiores se asemejan peligrosamente a la cáscara de naranja... aunque hay que decirlo también, sin algunos procesos un tanto barbáricos, el resto de mi cuerpo tendría la textura super-erotizante de un kiwi. Continuando para arriba, mi medios tienen forma de manzana, mis superiores de melón y mi cara, de vez en vez (o de mes en mes) textura de frutilla. Claro, eso si no fuí al gimnasio, en cuyo caso parece ser que me matamorfoseo en un gran tomate redondo que ni siquiera tiene el glam de ser perita, sostenido por dos...calabazas más bien medianas.
Mi color: bananezco. Mis ojos: Almendrados. Mi expresión favorita: ¡Papa, ya!
Y por supuesto, de ponerle precio, la unidad de media sería el mango ;)
Debo agregar, porque es pertinente, que la parte buena de la cuestión es que la fruta de plástico no sólo no es comestible, sino que aparte es ordinaria, es fea y sobre todo, antinatural.... ustedes sabrán.
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en primera persona
miércoles 17 de noviembre de 2010
El ex
Tenía que ir a cubrir mi primer obra de teatro como comentarista. Me la asignaron, nada tuve que ver en la elección. La emoción me desbordaba, por fin había conseguido un trabajo donde podía escribir sobre teatro y no sólo eso: iba a tener entradas gratis a todos los espectáculos que quisiera ver! Era un sueño, un verdadero sueño.
No viene al caso el nombre de la obra, era un viernes a las 23.30 hs en una sala muy de moda. Como no podía ser de otra manera el actor princpial era mi más reciente ex, bah, "ex" un amante asiduo que de tan asiduo se volvió asfixiante. Me sentí incómoda, había decidido alejarme por un tiempo y aparecer en la platea no era exactamente lo que tenía en mente... y bueno, es el destino. Por lo menos sé que es un excelente actor, así que la obra debe ser buena, lo cuál me va a facilitar mi tarea de criticarla, pensé.
Dos entradas me correspondían y eso abría un mundo de posibilidades. Empecé invitando a mis amigos relacionados con el teatro, los que disfrutan, como yo, comentar la obra y desmenuzarla. Uno a uno se excusaron con distintas obligaciones. Después invité a mis amigas, ninguna podía. Quedaba mi hermana, pero me acordé que los viernes a esa hora tenía una actividad.
El jueves asumí que salvo por un milagro, iba a tener que ir sola. Yo, que tantos hombres había sabido tener satelitándo al rededor... ahora tenía que pararme sola en la cola, sentarme sola en la platea... Ser vista sola por él....
El viernes a la tarde, a pesar de mi esfuerzo por adoptar un estado zen, empecé a desesperar. Tanto, que posteé en Twitter un patético "¿Quién me acompaña al teatro hoy?". Sólo tuve dos respuestas. Uno vivía en Rosario y se excusaba. El otro era el único stalker que me quedaba y de verdad, era mejor la soledad. Patética, me sentía patética.
Llegué al teatro a las 23. Armada de un libro para hacerme la superada a pesar de que mis poros exudaban soltería. Miré al rededor: por ahí haciéndome la linda podía encontrar algún varón suelto que quisiera sentarse al lado mío y hacerme las veces de cita. Nada. Todas parejas. Hundí la cara en la novela y hasta me puse los anteojos, cuando más esnob pareciera, mejor.
Entramos. Elegí lugar. Empezó la obra.
Recordé por qué salí seis meses con él... lo que no me pude acordar es el motivo por el cual no seguía cojiéndomelo. Hacía un mes que nos habíamos separado y estaba tan... tenía eso que... Me alegré de estar ahí, viéndolo. Me apasionaba que fuera tan talentoso, su cuerpo me encendía, lo quería, lo quería de vuelta. Tal vez el destino fuera que tuviera que ir y tuviera que ir sola para encararlo... para irme con él. ¿Por qué era que dejamos de vernos? Le podría preguntar. Éramos tan perfectos juntos... si, claro que teníamos diferencias... lidiar con un actor no es fácil, nada fácil... pero más lo miraba más lo adoraba. Quería que todos supieran que era mío, sólo mío.
La obra resultó, como esperaba, excelente. Todo: la dirección, la interpretación, las luces, el vestuario, todo. Busqué un sillón en el hall del teatro para anotar cosas mientras esperaba que saliera. ¿Me había visto en los saludos? No sabía. La gente se iba y el silencio empezaba a notarse. Quedábamos pocos en el teatro, todos esperando a los actores.
Lo ví salir y me paré, esperando a que me viera para que fuese él quien se acercara.
Me miró, sí. Dejó el bolso en el piso y entonces sentí algo pasar corriendo por al lado mío. Ese algo se le subió encima y lo besó, lo abrazó. Se abrazaron.
Y yo paradita como una estatua, muerta de verguenza, patéticamente sóla, pensando cómo explicarle a mi ex que me habían mandado a verlo de mera casualidad... Y que la única razón por la cual me había quedado era porque sabía que me había visto en el saludo y "después de todo lo que pasó entre nosotros hubiera sido una tontería no quedarme a decirte en vivo cuánto me gustó tu trabajo".
No viene al caso el nombre de la obra, era un viernes a las 23.30 hs en una sala muy de moda. Como no podía ser de otra manera el actor princpial era mi más reciente ex, bah, "ex" un amante asiduo que de tan asiduo se volvió asfixiante. Me sentí incómoda, había decidido alejarme por un tiempo y aparecer en la platea no era exactamente lo que tenía en mente... y bueno, es el destino. Por lo menos sé que es un excelente actor, así que la obra debe ser buena, lo cuál me va a facilitar mi tarea de criticarla, pensé.
Dos entradas me correspondían y eso abría un mundo de posibilidades. Empecé invitando a mis amigos relacionados con el teatro, los que disfrutan, como yo, comentar la obra y desmenuzarla. Uno a uno se excusaron con distintas obligaciones. Después invité a mis amigas, ninguna podía. Quedaba mi hermana, pero me acordé que los viernes a esa hora tenía una actividad.
El jueves asumí que salvo por un milagro, iba a tener que ir sola. Yo, que tantos hombres había sabido tener satelitándo al rededor... ahora tenía que pararme sola en la cola, sentarme sola en la platea... Ser vista sola por él....
El viernes a la tarde, a pesar de mi esfuerzo por adoptar un estado zen, empecé a desesperar. Tanto, que posteé en Twitter un patético "¿Quién me acompaña al teatro hoy?". Sólo tuve dos respuestas. Uno vivía en Rosario y se excusaba. El otro era el único stalker que me quedaba y de verdad, era mejor la soledad. Patética, me sentía patética.
Llegué al teatro a las 23. Armada de un libro para hacerme la superada a pesar de que mis poros exudaban soltería. Miré al rededor: por ahí haciéndome la linda podía encontrar algún varón suelto que quisiera sentarse al lado mío y hacerme las veces de cita. Nada. Todas parejas. Hundí la cara en la novela y hasta me puse los anteojos, cuando más esnob pareciera, mejor.
Entramos. Elegí lugar. Empezó la obra.
Recordé por qué salí seis meses con él... lo que no me pude acordar es el motivo por el cual no seguía cojiéndomelo. Hacía un mes que nos habíamos separado y estaba tan... tenía eso que... Me alegré de estar ahí, viéndolo. Me apasionaba que fuera tan talentoso, su cuerpo me encendía, lo quería, lo quería de vuelta. Tal vez el destino fuera que tuviera que ir y tuviera que ir sola para encararlo... para irme con él. ¿Por qué era que dejamos de vernos? Le podría preguntar. Éramos tan perfectos juntos... si, claro que teníamos diferencias... lidiar con un actor no es fácil, nada fácil... pero más lo miraba más lo adoraba. Quería que todos supieran que era mío, sólo mío.
La obra resultó, como esperaba, excelente. Todo: la dirección, la interpretación, las luces, el vestuario, todo. Busqué un sillón en el hall del teatro para anotar cosas mientras esperaba que saliera. ¿Me había visto en los saludos? No sabía. La gente se iba y el silencio empezaba a notarse. Quedábamos pocos en el teatro, todos esperando a los actores.
Lo ví salir y me paré, esperando a que me viera para que fuese él quien se acercara.
Me miró, sí. Dejó el bolso en el piso y entonces sentí algo pasar corriendo por al lado mío. Ese algo se le subió encima y lo besó, lo abrazó. Se abrazaron.
Y yo paradita como una estatua, muerta de verguenza, patéticamente sóla, pensando cómo explicarle a mi ex que me habían mandado a verlo de mera casualidad... Y que la única razón por la cual me había quedado era porque sabía que me había visto en el saludo y "después de todo lo que pasó entre nosotros hubiera sido una tontería no quedarme a decirte en vivo cuánto me gustó tu trabajo".
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narracion
domingo 14 de noviembre de 2010
Punchi punchi
Al rededor de las ocho y cuarto entramos en el predio. Gente, gente, gente. Gente por todos lados. La música de uno de los sectores se escucha levemente y se empieza a sentir un clima festivo que nos invade inmediatamente. Somos tres. Arreglamos, como siempre, un punto de encuentro por si alguna se pierde, aunque sabemos que es improbable que lo recordemos.
Suiden es la que más sabe de música electrónica asi que la seguimos a ella. Punchi punchi punchi, todos saltan, la energía vuela por el aire. Nosotras volamos también.
Nos alejamos de la gente un rato, ya no sabemos que hora es, y tratamos de conseguir algo de tomar. Es dificil coordinarnos en este estado de incoherencia narcotica, yo sé lo que quiero decir pero me sale otra cosa y todo me causa tanta gracia que no me puedo parar de reír. La altura y la imponencia de la bellísima escnadinava a la que tengo por amiga atrae a los tipos. Suid, pedile que te de agua, le digo.
-Yo te conozco a vos. Me dice el amigo del aguatero. Y a mi también me resulta familiar su cara... muy familiar. ¿De dónde?
-Si, ¿de dónde?
-Te ví en sueños, sos la más linda lejos de este lugar.
Me escandaliza su falta de originalidad y me moelsta saber que yo lo conozco de verdad.
-Malísimo. El peor chamullo en años. ¿Cómo te llamas? Te veo cara conocida en serio...
Y juto cuando me está diciendo el nombre me cae la ficha. Mierda que el destino existe. No hay otra explicación. No sé qué hacer. Las chicas estan a la vista, charlando con otros dos flacos, y no sé cuál es la mejor forma de lidiar con este... lo conozco por fotos. Tantas, tantas fotos. Fotos como lágrimas, como días negros, cómo ganas de matarlo. No solo ella, todas tuvimos que romper con él. Estuvimos cinco meses sacándolo de nuestra cabeza.
-¿Descubriste de dónde me conoces?
-Ehhh... maso.
-Bueno, hagamos una cosa, dame tu teléfono y te invito a tomar una cerveza para que me conozcas otra vez.
-No, no puedo...
-¿Vamos a cojer entonces?
-¿Eh?
Reconozco enseguida qué es lo que le gustó de él. Hay una seguridad imposible de esquivar, tiene un poder varonil imnótico. Si no supiera más me hubiera ido con él (o mejor dicho, le hubiera dado mi teléfono).
-Somos grandes, me dan ganas de estar con vos, para qué te voy a dar vueltas, ¿No?
-¿Tenes novia?
Se me escapa la pregunta aunque sé cuál es la respuesta.
-Ehhmm... sí. ¿Importa?
-No... Quería ver si me mentías, yo sé que tenes novia, sé cómo se llama... pero me olvidé que sos un cagón y no un mentiroso.
-¡Wow! ¿Qué pasó? ¿Sos amiga de Lu? ¿Me perdí algo?
-No, soy amiga de Tami.
Se queda mudo.
-Ahh...¿Cómo está?
-Fantástica, gracias por preguntar. ¿Y vos, cómo estas?
-Yo bien, ¿por?
-A mi no me vas a mentir, yo sé lo que te pasa con ella, es obvio aún sin conocerte.
-No sé qué te habrá dicho pero yo nunca le prometí nada...
Esta conversación está llegando a su fin. Si me quedo tengo que matarlo.
-¿Ves que sos tan cagón que ni siquiera me podes decir que no estás enamorado de ella? Andá, seguite chamullando minitas, así seguro que te la vas a olvidar.
Me voy hasta dónde estan las chicas, sorprendida de cuán coherente y sobria estoy. El corazón me late a diez mil quinientos pero siento que si el destino era que me encontrara con el infeliz, entonces hice mi trabajo y lo hice muy bien. Ojalá le haya arruinado la noche, ojalá.
-Chicas, ¿volvemos a la carpa?
Punchi punchi punchi, otra vez, en todos lados, en todos los cuerpos.
Suiden es la que más sabe de música electrónica asi que la seguimos a ella. Punchi punchi punchi, todos saltan, la energía vuela por el aire. Nosotras volamos también.
Nos alejamos de la gente un rato, ya no sabemos que hora es, y tratamos de conseguir algo de tomar. Es dificil coordinarnos en este estado de incoherencia narcotica, yo sé lo que quiero decir pero me sale otra cosa y todo me causa tanta gracia que no me puedo parar de reír. La altura y la imponencia de la bellísima escnadinava a la que tengo por amiga atrae a los tipos. Suid, pedile que te de agua, le digo.
-Yo te conozco a vos. Me dice el amigo del aguatero. Y a mi también me resulta familiar su cara... muy familiar. ¿De dónde?
-Si, ¿de dónde?
-Te ví en sueños, sos la más linda lejos de este lugar.
Me escandaliza su falta de originalidad y me moelsta saber que yo lo conozco de verdad.
-Malísimo. El peor chamullo en años. ¿Cómo te llamas? Te veo cara conocida en serio...
Y juto cuando me está diciendo el nombre me cae la ficha. Mierda que el destino existe. No hay otra explicación. No sé qué hacer. Las chicas estan a la vista, charlando con otros dos flacos, y no sé cuál es la mejor forma de lidiar con este... lo conozco por fotos. Tantas, tantas fotos. Fotos como lágrimas, como días negros, cómo ganas de matarlo. No solo ella, todas tuvimos que romper con él. Estuvimos cinco meses sacándolo de nuestra cabeza.
-¿Descubriste de dónde me conoces?
-Ehhh... maso.
-Bueno, hagamos una cosa, dame tu teléfono y te invito a tomar una cerveza para que me conozcas otra vez.
-No, no puedo...
-¿Vamos a cojer entonces?
-¿Eh?
Reconozco enseguida qué es lo que le gustó de él. Hay una seguridad imposible de esquivar, tiene un poder varonil imnótico. Si no supiera más me hubiera ido con él (o mejor dicho, le hubiera dado mi teléfono).
-Somos grandes, me dan ganas de estar con vos, para qué te voy a dar vueltas, ¿No?
-¿Tenes novia?
Se me escapa la pregunta aunque sé cuál es la respuesta.
-Ehhmm... sí. ¿Importa?
-No... Quería ver si me mentías, yo sé que tenes novia, sé cómo se llama... pero me olvidé que sos un cagón y no un mentiroso.
-¡Wow! ¿Qué pasó? ¿Sos amiga de Lu? ¿Me perdí algo?
-No, soy amiga de Tami.
Se queda mudo.
-Ahh...¿Cómo está?
-Fantástica, gracias por preguntar. ¿Y vos, cómo estas?
-Yo bien, ¿por?
-A mi no me vas a mentir, yo sé lo que te pasa con ella, es obvio aún sin conocerte.
-No sé qué te habrá dicho pero yo nunca le prometí nada...
Esta conversación está llegando a su fin. Si me quedo tengo que matarlo.
-¿Ves que sos tan cagón que ni siquiera me podes decir que no estás enamorado de ella? Andá, seguite chamullando minitas, así seguro que te la vas a olvidar.
Me voy hasta dónde estan las chicas, sorprendida de cuán coherente y sobria estoy. El corazón me late a diez mil quinientos pero siento que si el destino era que me encontrara con el infeliz, entonces hice mi trabajo y lo hice muy bien. Ojalá le haya arruinado la noche, ojalá.
-Chicas, ¿volvemos a la carpa?
Punchi punchi punchi, otra vez, en todos lados, en todos los cuerpos.
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martes 9 de noviembre de 2010
La Apuesta II
Este post es la continuación de La Apuesta.
-¿Qué? Le pregunto, mientras me voy lo más lejos posible de él. No entiendo nada, le digo.
Se acerca y me dice que se dió cuenta que le pasaban cosas conmigo y que no sabía cómo decírmelo...Que lo de la apuesta surgió de la nada, que nunca pensó que iba a ganar pero que no quería parecer un cagón y por eso siguió con el juego...
No sé qué decir, estoy cagada de furia. Me intenta besar y yo le corro la cara, a mi no me pasan cosas con él. Es mi amigo, mi mejor amigo, mi confidente. Traicionó mi confianza. ¿Cómo se va a enamorar de mí? Eso no se hace.
Le digo que quiero que se vaya, que no lo quiero ver más. Le digo que es la peor persona del mundo por ponerme en esa situación de mierda, que me lo tendría que haber dicho antes y de otra forma... Abro la puerta y llamo al ascensor. No quiero bajar con él asi que le digo que yo voy por la escalera. Nos encontramos abajo, al lado de la puerta.
Mudos.
Quiero que se vaya pero antes de poner la llave en la cerradura me abraza y aunque me sacudo y le grito (entre gritos y sacudidas se me cuela alguna cracajada porque ambos estamos exagerando) no me suelta. Sé que me quiere decir algo y termino por ceder. ¿Qué queres? Le digo, lo más hostilmente que puedo. Quiero que te calmes y que aceptes mi invitación a salir mañana, me dice. Tenemos que hablar de verdad.
Sé que tiene razón pero ahora lo único que quiero es que se vaya. Bueno, está bien, ahora andate, le digo.
Y se va.
Me arrepiento de hacer aceptado desde el momento en que piso de nuevo mi departamento. No quiero hablar con él, no lo quiero ver. Sabe demasiado, le conté demasiado... No puedo entender que me vea como mujer, estaba claro que para el otro no teníamos sexo.
Obvio que no me calmo, obvio que no puedo dormir. A las cuatro de la mañana me tomo un Al Plax.
Me levanto más ventilada. Es un lindo día de sol y ya no estoy tan triste, ni tan furiosa... De todas formas pienso en la mejor manera de decirle que definitivamente no voy a salir con él. Es lo mejor. Olvidarnos, tomar distancia... lo voy a extrañar, pero no, otra cosa es impensable. Agarro el celular y veo dos, tres, cinco mensajes. Perdoname, te quiero, no te quiero perder, te necesito... esas cosas. Mierda, siento otra vez el gustito a bronca en la boca. Lo odio por ponerme en esta situación de aceptar para no herirlo.
Dedico mi día a pensar y re pensar argumentos, disculpas y posibles diálogos que hagan que nuestra cena sea lo más corta posible. No sé para qué insiste en salir, lo que tenemos que hablar se puede hacer parados en la puerta de mi casa.
Me pongo un vestido negro liviano y me pinto, no quiero que piense que me importa tanto como para haber llorado la mitad de la noche y todo el día.
Me toca el timbre puntual y subo al auto. Todo huele a perfume, a su perfume. Al perfume de mi amigo. No nos decimos nada, arranca. No tengo idea a dónde me lleva, no pregunto. No voy a ser la primera en hablar. Veo que agarra Libertador y sé dónde vamos. No por nada lo conozco tanto. No hay mucha gente en la avenida y veo que empieza a acelerar. Sabe que odio la velocidad y sigue acelerando. Me lo hace a propósito. De perfil lo veo sonreírse y yo estoy tan, pero tan cagada de odio que me sorío para no matarlo, pero decir algo, jamás. De tanto en tanto me mira de reojo y yo corro la cara para que no me vea reirme. Llegamos en dos patadas, estaciona el auto, intento bajar pero está cerrada la puerta por fuera. Tendría que decirle que me abra pero no lo voy a hacer. Me quedo sentada, inmovil. Da la vuelta y me abre.
Yo sé perfectamente que él tiene la puerta del acompañante trabada para tener que abrir y así besar a la chica, yo lo sé y aún así no me corro. Como una imbécil me pego al auto, esperando lo inevitable... que no llega.
Él está varios pasos más atras, mirándome con una sonrisa de oreja a oreja. No puedo menos que devolverle la sonrisa,"sí, son una tarada, pensé que me ibas a besar y me descubriste no rechazándote", pienso.
Caminamos en silencio hasta la orilla del río y nos sentamos en el pastito. Por un rato seguimos sin decirnos nada, pero de a poco el silencio se va convirtiendo en un silencio cómplice... la hostilidad, la confrontación cedió y ahora aparecemos nosotros, dudandonos. ¿Quién es este tipo?, me pregunto.
Para mí siempre fuiste mujer, me dice, de repente. Lo que pasa es que eras, sos, tan hermosa que no podía pensarte de otra forma que no sea amistosamente... (Me empieza a hacer mimitos en la espalda, yo dura). Perdón, sé que traicioné tu confianza la verdad es que se me fué todo de las manos... No es una frase muy novelesca pero se arrima y me besa. Otra vez sin saber por qué (¿Por qué mierdaaaa?) no saco la cara. Nos acostamos en el pasto, se sube arriba mío. Tengo que hacer un esfuerzo para olvidar con quién estoy haciendo eso que estoy haciendo, pero cuando logro abstraerme empiezo a disfrutarlo. La cosa se pone caliente pero él no parece tener ganas de pasar a mayores y por supuesto, yo tampoco.
-¿Qué estamos haciendo? Le digo, necesitando que me explique lo que yo no puedo.
-Yo te estoy amando mucho, me dice mirándome a los ojos, bien cerquita. Y vos... vos estas intentando no enterarte, pero ya te diste cuenta que tu amiguito es un tipo, un tipo grande, con la pija dura abajo del pantalón y está esperando que vos también te des cuenta que la pura verdad es que no tenes ni un poquito de ganas de irte de abajo mío.
- Hola, soy Tami. Estoy encantada de conocerte, le digo sonriendole.
Agarrándolo de los pelos le busco la boca y ruedo hasta quedar encima de él.
-Yo de lo único que me doy cuenta es que a mí me gusta ir arriba... cosa que por supuesto, mi amigo sabría. Sabes quea ahora que te miro bien me resultas familiar, ¿No conocemos ya?
Pero no, no lo dejo responder.
-¿Qué? Le pregunto, mientras me voy lo más lejos posible de él. No entiendo nada, le digo.
Se acerca y me dice que se dió cuenta que le pasaban cosas conmigo y que no sabía cómo decírmelo...Que lo de la apuesta surgió de la nada, que nunca pensó que iba a ganar pero que no quería parecer un cagón y por eso siguió con el juego...
No sé qué decir, estoy cagada de furia. Me intenta besar y yo le corro la cara, a mi no me pasan cosas con él. Es mi amigo, mi mejor amigo, mi confidente. Traicionó mi confianza. ¿Cómo se va a enamorar de mí? Eso no se hace.
Le digo que quiero que se vaya, que no lo quiero ver más. Le digo que es la peor persona del mundo por ponerme en esa situación de mierda, que me lo tendría que haber dicho antes y de otra forma... Abro la puerta y llamo al ascensor. No quiero bajar con él asi que le digo que yo voy por la escalera. Nos encontramos abajo, al lado de la puerta.
Mudos.
Quiero que se vaya pero antes de poner la llave en la cerradura me abraza y aunque me sacudo y le grito (entre gritos y sacudidas se me cuela alguna cracajada porque ambos estamos exagerando) no me suelta. Sé que me quiere decir algo y termino por ceder. ¿Qué queres? Le digo, lo más hostilmente que puedo. Quiero que te calmes y que aceptes mi invitación a salir mañana, me dice. Tenemos que hablar de verdad.
Sé que tiene razón pero ahora lo único que quiero es que se vaya. Bueno, está bien, ahora andate, le digo.
Y se va.
Me arrepiento de hacer aceptado desde el momento en que piso de nuevo mi departamento. No quiero hablar con él, no lo quiero ver. Sabe demasiado, le conté demasiado... No puedo entender que me vea como mujer, estaba claro que para el otro no teníamos sexo.
Obvio que no me calmo, obvio que no puedo dormir. A las cuatro de la mañana me tomo un Al Plax.
Me levanto más ventilada. Es un lindo día de sol y ya no estoy tan triste, ni tan furiosa... De todas formas pienso en la mejor manera de decirle que definitivamente no voy a salir con él. Es lo mejor. Olvidarnos, tomar distancia... lo voy a extrañar, pero no, otra cosa es impensable. Agarro el celular y veo dos, tres, cinco mensajes. Perdoname, te quiero, no te quiero perder, te necesito... esas cosas. Mierda, siento otra vez el gustito a bronca en la boca. Lo odio por ponerme en esta situación de aceptar para no herirlo.
Dedico mi día a pensar y re pensar argumentos, disculpas y posibles diálogos que hagan que nuestra cena sea lo más corta posible. No sé para qué insiste en salir, lo que tenemos que hablar se puede hacer parados en la puerta de mi casa.
Me pongo un vestido negro liviano y me pinto, no quiero que piense que me importa tanto como para haber llorado la mitad de la noche y todo el día.
Me toca el timbre puntual y subo al auto. Todo huele a perfume, a su perfume. Al perfume de mi amigo. No nos decimos nada, arranca. No tengo idea a dónde me lleva, no pregunto. No voy a ser la primera en hablar. Veo que agarra Libertador y sé dónde vamos. No por nada lo conozco tanto. No hay mucha gente en la avenida y veo que empieza a acelerar. Sabe que odio la velocidad y sigue acelerando. Me lo hace a propósito. De perfil lo veo sonreírse y yo estoy tan, pero tan cagada de odio que me sorío para no matarlo, pero decir algo, jamás. De tanto en tanto me mira de reojo y yo corro la cara para que no me vea reirme. Llegamos en dos patadas, estaciona el auto, intento bajar pero está cerrada la puerta por fuera. Tendría que decirle que me abra pero no lo voy a hacer. Me quedo sentada, inmovil. Da la vuelta y me abre.
Yo sé perfectamente que él tiene la puerta del acompañante trabada para tener que abrir y así besar a la chica, yo lo sé y aún así no me corro. Como una imbécil me pego al auto, esperando lo inevitable... que no llega.
Él está varios pasos más atras, mirándome con una sonrisa de oreja a oreja. No puedo menos que devolverle la sonrisa,"sí, son una tarada, pensé que me ibas a besar y me descubriste no rechazándote", pienso.
Caminamos en silencio hasta la orilla del río y nos sentamos en el pastito. Por un rato seguimos sin decirnos nada, pero de a poco el silencio se va convirtiendo en un silencio cómplice... la hostilidad, la confrontación cedió y ahora aparecemos nosotros, dudandonos. ¿Quién es este tipo?, me pregunto.
Para mí siempre fuiste mujer, me dice, de repente. Lo que pasa es que eras, sos, tan hermosa que no podía pensarte de otra forma que no sea amistosamente... (Me empieza a hacer mimitos en la espalda, yo dura). Perdón, sé que traicioné tu confianza la verdad es que se me fué todo de las manos... No es una frase muy novelesca pero se arrima y me besa. Otra vez sin saber por qué (¿Por qué mierdaaaa?) no saco la cara. Nos acostamos en el pasto, se sube arriba mío. Tengo que hacer un esfuerzo para olvidar con quién estoy haciendo eso que estoy haciendo, pero cuando logro abstraerme empiezo a disfrutarlo. La cosa se pone caliente pero él no parece tener ganas de pasar a mayores y por supuesto, yo tampoco.
-¿Qué estamos haciendo? Le digo, necesitando que me explique lo que yo no puedo.
-Yo te estoy amando mucho, me dice mirándome a los ojos, bien cerquita. Y vos... vos estas intentando no enterarte, pero ya te diste cuenta que tu amiguito es un tipo, un tipo grande, con la pija dura abajo del pantalón y está esperando que vos también te des cuenta que la pura verdad es que no tenes ni un poquito de ganas de irte de abajo mío.
- Hola, soy Tami. Estoy encantada de conocerte, le digo sonriendole.
Agarrándolo de los pelos le busco la boca y ruedo hasta quedar encima de él.
-Yo de lo único que me doy cuenta es que a mí me gusta ir arriba... cosa que por supuesto, mi amigo sabría. Sabes quea ahora que te miro bien me resultas familiar, ¿No conocemos ya?
Pero no, no lo dejo responder.
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narracion
viernes 5 de noviembre de 2010
Los tiempos (S.O.S)
A mi lo que me desespera es el tema de los tiempos. Claro, porque más allá de entender la estructura masculina (hacer el intento de) hay cositas, puntos de encuentro que no llego a explicarme. A lo concreto:
Se conocen una mina y un tipo. Salen (o cojen, es lo mismo). Los dos la pasan bien, quieren en su fuero interno volver a verse. Ella quiere pasar tiempo con él, conocerlo, él probablemente quiere cojer. Estrcutura de pensamiento femenina y masculina 1.0. Hasta aca vamos bien.
Lo que pasa es que para la mina el deseo de conocerlo implica inmediatez. Quiere que la llame dos días después, que le mande un mensaje, un mail, cualquier cosa. Para el tipo esto no es necesariamente así. Por ahí puede dejar pasar dos semanas antes de acordarse de ella... y no es que la haya pasado mal, no, simplemente estuvo "ocupado".
(Es claro que la postura masculina la saco de discursos de amigos que me han socorrido en más de una ocasión). Lo que no me cierra por ningun lado es qué es lo que les ocupa la mente... Trabajar, dirán... y no, las minas también trabajamos, y cuánto más se trabaja más ganas se tiene de tener una vida afuera del laburo, así que no es eso. Cuando están almorzando, fumando un cigarrillo, tomando un café, volviendo a casa en colectivo, caminando por la calle, intentando dormir... ¿No piensan en la mina que conocieron y a la cual quisieran volver a ver PRONTO? ¿No tienen ganas de "tomar posesión" de la señorita?
Tengo varias hipótesis, a ver qué dicen...
a) Es tal el goce que les da el ejercicio del poder que lo llevan al máximo aunque saben que es posible que la mina se ofenda y deje de darles bola.
b) Distancia de la mina así no piensa cualquiera y no se engancha.
c) No la pasaron tan bien y les importa poco volver a verla. Todo lo bien que nosotras pensamos que ustedes la pasaron es pura imaginación.
Se conocen una mina y un tipo. Salen (o cojen, es lo mismo). Los dos la pasan bien, quieren en su fuero interno volver a verse. Ella quiere pasar tiempo con él, conocerlo, él probablemente quiere cojer. Estrcutura de pensamiento femenina y masculina 1.0. Hasta aca vamos bien.
Lo que pasa es que para la mina el deseo de conocerlo implica inmediatez. Quiere que la llame dos días después, que le mande un mensaje, un mail, cualquier cosa. Para el tipo esto no es necesariamente así. Por ahí puede dejar pasar dos semanas antes de acordarse de ella... y no es que la haya pasado mal, no, simplemente estuvo "ocupado".
(Es claro que la postura masculina la saco de discursos de amigos que me han socorrido en más de una ocasión). Lo que no me cierra por ningun lado es qué es lo que les ocupa la mente... Trabajar, dirán... y no, las minas también trabajamos, y cuánto más se trabaja más ganas se tiene de tener una vida afuera del laburo, así que no es eso. Cuando están almorzando, fumando un cigarrillo, tomando un café, volviendo a casa en colectivo, caminando por la calle, intentando dormir... ¿No piensan en la mina que conocieron y a la cual quisieran volver a ver PRONTO? ¿No tienen ganas de "tomar posesión" de la señorita?
Tengo varias hipótesis, a ver qué dicen...
a) Es tal el goce que les da el ejercicio del poder que lo llevan al máximo aunque saben que es posible que la mina se ofenda y deje de darles bola.
b) Distancia de la mina así no piensa cualquiera y no se engancha.
c) No la pasaron tan bien y les importa poco volver a verla. Todo lo bien que nosotras pensamos que ustedes la pasaron es pura imaginación.
miércoles 3 de noviembre de 2010
Arabescos azules
Caminando por la calle veo en una vidriera un vestido precioso. Es caro, pero no está fuera de mi presupesto así que entro. De cerca se ve tan bien como de lejos: la tela es una gaza suavecita y el estampado es de arabescos en el tono de los azules. Entro al probador.
Me encanta, a mí me encanta. Pero pienso en vos. Me miro al espejo y no sé si tal vez te parecerá muy corto, o un poco transparente... Me imagino parada así enfrente tuyo, más peinada, más maquillada, con tacos altos y trato de decidir qué reacción tendrías... No es que me vista para vos, sucede que si no te gustara nada este vestido debería pensar si quiero invertir tanto en algo que no voy a tener ganas de usar. Me paseo por el probador durante 10 o 15 minutos. De un tiempo a esta parte (desde que estás vos) ya no decido sólo yo.
Antes de conocerte caminaba sin ver. Iba para adelante y jamás me detenía en las vidrieras, ¿para qué? Siempre tuve ropa, no me mal interpretes, pero los básicos me sacaban del paso y ya está. Si no estuvieras no sé si algo hubiera cambiado. En mi guardarropas seguiría predominando el negro, las chatitas y las carteras funcionales. En cambio ahora...
Ahora me pasa esto. Esto de gastar medio sueldo en un vestido azul con arabescos para combinar con mis zapatos nuevos. Estoy segura de que, de verlo, lo adorarías. Igual que mis uñas rojas, igual que mi tatuaje nuevo...
Resulta que desde que te conocí mi vida está dedicada a gustarte. Y aunque no me conozcas, y aunque no sepas bien quién soy, no sé qué otra cosa hacer más que estar preparada por si algún día de estos, así, sin pensarlo, te dieras vuelta a mirarme.
Me encanta, a mí me encanta. Pero pienso en vos. Me miro al espejo y no sé si tal vez te parecerá muy corto, o un poco transparente... Me imagino parada así enfrente tuyo, más peinada, más maquillada, con tacos altos y trato de decidir qué reacción tendrías... No es que me vista para vos, sucede que si no te gustara nada este vestido debería pensar si quiero invertir tanto en algo que no voy a tener ganas de usar. Me paseo por el probador durante 10 o 15 minutos. De un tiempo a esta parte (desde que estás vos) ya no decido sólo yo.
Antes de conocerte caminaba sin ver. Iba para adelante y jamás me detenía en las vidrieras, ¿para qué? Siempre tuve ropa, no me mal interpretes, pero los básicos me sacaban del paso y ya está. Si no estuvieras no sé si algo hubiera cambiado. En mi guardarropas seguiría predominando el negro, las chatitas y las carteras funcionales. En cambio ahora...
Ahora me pasa esto. Esto de gastar medio sueldo en un vestido azul con arabescos para combinar con mis zapatos nuevos. Estoy segura de que, de verlo, lo adorarías. Igual que mis uñas rojas, igual que mi tatuaje nuevo...
Resulta que desde que te conocí mi vida está dedicada a gustarte. Y aunque no me conozcas, y aunque no sepas bien quién soy, no sé qué otra cosa hacer más que estar preparada por si algún día de estos, así, sin pensarlo, te dieras vuelta a mirarme.
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