...EL ROMANCE EN LA LENGUA...

¡Aviso!

Este blog contiene textos ficcionales. Todo parecido con la realidad NO es mera casualidad, es simplemente parecido.
Si usted se siente identificado con algun texto, váyase a cagar. Seguramente algo mal hizo para ser musa de la desquiciada mente de la autora.

Leé - El libro

domingo 31 de octubre de 2010

Stalking

Había una vez una chica ni muy fea ni muy linda que adoraba (igual que yo) el teatro. Resulta que por esas cosas del destino, esta chica quedó fascinada con un actor. Adoraba su voz, su cuerpo, decir su nombre y la idea de pertenecerle. Sabía muy bien, se trataba del maldito aura.
Después de mucho meditar entendió que no se lo iba a poder olvidar tan fácil y decidió volver a ver la obra (tuvo suerte que era del circuito alternativo y la entrada no era tan cara). Durante dos meses se la vió llegar media hora antes de la función y pararse al lado de la puerta para poder elegir su ubicación y sentarse siempre en la misma butaca al centro de la fila uno.
Cada semana descubría que le gustaba más. Después de la tercera función dejó de ver el espectáculo en sí para dedicarse a él. Sólo a él. Le descubrió los matices y se preguntó en dónde estaría su cabeza cuando la función no era muy buena y le notaba la energía baja; le miró las uñas limpias y vió como con las semanas, le crecía el pelo. Largo le gustaba más. La sexta función apareció sin afeitarse y la chica sintió ganas de llorar de tanta pasión contenida en su pequeño cuerpo. Se puso celosísima de las compañeras de elenco y se odió por no ser actriz para soñar con, algun día, trabajar con él.
Era una situación sin salida. No había nada que ella pudiera hacer más que seguir yendo a verlo cada domingo, pero era justamente esto lo que alimentaba su sueño imposible de... ¿de? la chica no sabía de qué. Sueño de él.
Mucho más pobre, mucho más desesperada, mucho más triste, decidió con mucho pesar que lo más sensato (y saludable) era dejar de ir. Abandonarlo. Superarlo. No sería su primer actor ni sería el último... la condenaban (como a mí) los auras. Y si estaban predestinados, y si tendría que ser, bueno, de alguna forma se volverían a encontrar. Ese domingo se tomó un somnífero y se fué a dormir muy temprano, calculó que era la mejor forma de no cambiar de idea a último momento.
Pobre nuestra chica... nunca se enteró que él la veía ir semana tras semana. No supo que la esperó a la salida del teatro todas las funciones a partir de la segunda. No sabrá jamás que él había averiguado su nombre y lamentablemente, por no tener una bendita cuenta de Facebook, no va a recibir nunca la propuesta que su actor preferido había pensado hacerle.

Moraleja: Chicos, háganse una cuenta de Facebook. Segunda moraleja: boicot a las mosquitas muertas. Tercera moraleja: Las stalkers podemos ser muy razonables.

lunes 25 de octubre de 2010

Votación

Ante el reclamo de un lector que dice que ya no actualizo el blog tan seguido, hicimos un brain storming y a él (obvio, porque a mi no se me cae una idea) se le ocurrió lo siguiente:
Voy a abrir una votación entre algunos post (los que creo que más gustaron) y el que más votos tenga, tendrá una continuación... ¿Ok?

Acá está el listado de post (Leé no entra en la votación):

-Pendeja Puta
-La Apuesta
-Hacer lo que íbamos a hacer
-La postergación de la Ducha
-Lo mínimo
-Vestido Violeta
-Encuentros
-Jenny Abasto
-Los Feldman

sábado 16 de octubre de 2010

Desconocer

No es el amor ni la necesidad de companía lo que me mueven ahora, no. Es la pura admiración y su amiga la posesividad. El imperativo masculino posesivo que contrasta con mis auténticas duda e impotencia. Lo necesito, no a él, al idilio de él. Al cuerpo, al menos. Absoluta sumisión al deseo del cuerpo que lo llama sin hacer ruido y claro, no lo encuentra. Me obsesiona saber que el universo le tiene deparado un camino lejos del mío, de triunfo precoz, de exposición, una imagen viril atractiva universalmente. Me obsesiona porque sé que en este momento y sólo en este momento yo sería suficiente para él. Sé, ya me pasó, que en un suspiro las cosas se dan vuelta y si te he visto no me acuerdo. Estoy condenada a reducir mi actividad a la aceptación, nada más. Probé hacer el rol de varón pero me comí los mocos, hay fortalezas que no se pueden fingir... Por eso apelo a todas las fuerzas del universo, a todas. Le recé a un dios en el que no creo ni creí nunca, por si acaso... Y sé que ciertas cosas son inexplicables pero se siente como bien explicable el desinterés. No quiero enterarme, pero gasté mis recursos y ya no puedo hacer nada más que mirar la pantalla, como antiguamente alguien hubiera mirado el teléfono.
Tal vez el romanticismo siglo 18 me haya parido 300 años después...quién sabe! Las ganas de escucharlo, de mirarlo. De tenerlo acá al lado. De nombrarlo y llamarlo, de celarlo, de sorprenderlo y admirarlo. Tantas cosas que pasan entre un hombre y una mujer y que no estan sucediendo entre nosotros... qué lástima. Qué lástima sobre todo porque mis ganas son poderosas, son creativas. Qué lástima por las cosas que no se inventaran nunca, solo porque él decidió desconocerme.

miércoles 13 de octubre de 2010

Volver (versión libre)

Sé que ven el parpadeo
De las luces que a lo lejos
Van marcando mi retorno.
En la mina se han quedado
Esperando los más viejos
Eternas horas de calor.
Y aunque soñé con el regreso
Confieso que las cámaras me dan pudor.
Nada les traje de este recorrido
Perdoná querida, fue todo padecer.
Trabajadores simples, no somos estrellas
Quiero que mi vieja me haga de comer.

Volver en la cápsula chica
Mientras todos me miran, yo actitud zen.
Sentir que es volver a la vida
Que 70 días no es nada
¡Ojo la resolana!
Mató, viejo, la onda pero extrañé el microonda.
Vivir con la jermu asustada, ya me daba por muerto
Y ahora quiero coger.

domingo 10 de octubre de 2010

El vecino (¿relato impresionsita?)

Habia una vez una chica que se había sentado en el balcón. Estratégicamente colocada ahí, esperaba que su vecino se despertara y notara su sensual presencia. A decir verdad se estaba muriendo de frío, no era un día para estar en bikini a la sombra… pero la chica pensaba que valía la pena el sacrificio.
Después de pocos minutos de tortuosa y congelada espera, escuchó el sonido de la persiana abriéndose y lo vió salir. Despeinado y semi desnudo se acercó al balcón y miró el cielo, al horizonte y para abajo. Se podría decir que miró en todas las direcciones menos a la derecha, donde estaba esta chica sentada esperando que la mirara.
Pasaban los segundos y la inconcebible posibilidad de que entrara a su departamento sin verla se hacía real. ¿Qué hacer? ¿Saludarlo? ¿Sacarse el corpiño de la malla y agitar los brazos? Ninguna de estas opciones le pareció viable. Se quedó sentada en su balcón, simulando leer un libro, concentrando toda su fuerza telepática para que por arte de magia, el vecino diera vuelta la cabeza y la viera.
Pero no sucedió.
El vecino sintió frío y entró a su casa, dejando a nuestra chica en helada tristeza. Lo que sí sucedió, algunos poquitos minutos después, es la iverosimil reaparición del vecino en el balcón, parado sobre la baranda de la derecha, observando sin disimulo a nuestra chica, quién defraudada había abandonado la pose provocativa. Le dio los buenos días y sin trastabillar le preguntó si había desayunado. Ella, dubitativa, le respondió que sí, que hacía rato se había levantado. El vecino perspicaz esperaba esta respuesta, bastante obvia por cierto, y retomó el control de la situación extendiéndole la invitación para tomar mate con él. La chica, asombrada, asustada, avergonzada, todas las adas juntas, aceptó la invitación. Y nerviosa como estaba, no previó la obvía y obscenamente tácita respuesta a su ofrecimiento de llevar algo.

viernes 1 de octubre de 2010

La Lectora en Florencia



Dos horas tarda nuestro tren a Roma. El otoño italiano nos sigue y eso nos reconforta, irnos no es un irnos tan definitivo, no todavía al menos. Ella percibe que Florencia la va a acompañar siempre; por eso quiere asumirlo con seriedad y compromiso, a su modo. Entender. Explicar. Intentar poner en palabras la magia de esta ciudad de cuentos tan lejos de la nuestra y tan indispensable para sus sueños por venir.

Su voz se volvió monótona y su ropa oscura. No era el momento de la expresión, todo era estímulo y belleza: había que dejarse apabullar. La pasión amenazaba el precario equilibrio que le ofrecía la realidad, pero no procuré sacudirla. Ya tendría tiempo de gritarle al mundo, de frustrarse con la chatura del lenguaje.
Ahora estamos en el tren. Y la veo leer ávida de palabras, nostálgica ya de su idealizada Florencia. Esa es mi lectora, la que ven ahí. Imperturbable en su teórico mundo italiano, mientras yo, imperturbable también, intento captar lo más fresco de mi apasionado mundo argentino.

Este post también está siendo publicado en el blog de La Lectora ¡a quién le re agradezco el espacio!