Las fiestas son generalmente todas iguales. A penas entramos vamos a la barra, compramos cerveza, las chicas bailan al lado nuestro, nosotros miramos cómo bailan mientras tomamos… Hasta que el alcohol hace efecto y nos ayuda a enfrentar a la chica en cuestión.
A eso de las cuatro y con varios fernet encima (era más efectivo que la cerveza), me animé a pedirle un beso. Estuvimos casi una hora besándonos contra la pared, como adolescentes (bueno, ella con sus 20 años era casi adolescente). Pensé en decirle de irnos a mi departamento, pero era tan chica que me pareció que no estaba bien apurar las cosas. Le llevaba 8 años, no quería presionarla. A demás, la estaba pasando bien, me gustaba besarla. El alcohol y la cercanía con ella, la situación de nuestros cuerpos me excitaban y sentía que los botones del jean iban a reventar. De a rato nos besábamos con más intensidad y ahí aprovechaba para acercarme más, para aplastarla contra la pared apoyándole el cuerpo en su cuerpo, me excitaba mostrarle cómo me ponía de caliente. La agarraba de la cola, con las dos manos y la pegaba a mi pelvis, fuerte, la apretaba. Quería que sintiera que era mía, que toda su inocencia y su juventud eran un juguete para mí. Ella se dejaba, sumisa. Y a mi me volvía loco esa sumisión. No intenté nada más, no quería hacer nada en un lugar tan público, pero en uno de esos ratos, de tanto frotarnos cuerpo con cuerpo, ella empezó a gemir despacito, en mi oído. Seguí haciendo lo que estaba haciendo, me dí cuenta que estaba apoyado en una zona sensible y eso le estaba gustando. Empecé a empujar más fuerte y los gemidos, aunque inaudibles a dos metros por la música a todo volumen, eran cada vez más intensos. Cuando terminó yo supe que había sucedido lo milagroso por su cuerpo lánguido y la expresión en su cara. Tardo un rato en reponerse y en darse cuenta lo que había pasado, noté como cambiaba el gesto y se ponía colorada, muerta de vergüenza. Yo le sonreía medio embobado y le daba besos. Le pregunté si la había pasado bien y me dijo, bajando la cabeza, roja como un tomate, que sí. Yo la abracé y le dije que estaba todo bien, que me había encantado. Se habían hecho las seis de la mañana y estaba amaneciendo, la invité a desayunar. Nos dimos cuenta rápidamente que todos nuestros amigos se habían ido, así que caminamos unas cuadras hasta Juan B Justo, hay una estación de servicio abierta 24hs. Estábamos los dos agotados, todavía un poco borrachos, pegoteados de la transpiración propia y ajena, pero yo no quería irme...
jueves 29 de julio de 2010
miércoles 28 de julio de 2010
Las cosas que hay que escuchar...
Algunas mujeres piensan mal de nosotras. Creen "a pies juntillas" que somos una desgracia para el género (curioso, nosotras pensamos lo mismo de ellas). Nos acusan de cagarles la vida, de meternos en donde no nos llaman, de no tener códigos. Suponen que somos desnaturalizadas, que fuimos dañadas en nuestra juventud y que necesitamos compesar la falta de cariño de nuestras madres. No dudarían un segundo en señalarnos como incapaces de amar a otro ser humano ("esas" no deberían tener hijos), de ser frívolas y trepadoras.
No niego todo lo anterior (cada una de nosotras sabrá con cuánto humanismo lidia), pero lo que más más me gusta es que generalmente se opina así:
"Claro, todas podemos ser así de putas y seducir al novio de la otra, el tema es que eso no se hace".
Y ahí tengo ganas de reírme.
1)¿TODAS podemos ser así de putas? Claramente NO. Para ser puta hay que ser puta, eso no se puede fingir.
2)¿Seducir al novio de otra? Aunque la mona se vista de seda, mona queda. SEDUCIR es un arte, así seas la Venus de Milo, si no tenes ese gustito a pasión, no te levantas ni a la mañana. Un novio vas a tener seguro, pero la seducción, darlings, es otra cosa.
3)¿Eso no se hace?... Claro, porque soy yo la que te juró fidelidad y amor. ¡Ja!
Las cosas que hay que escuchar...
No niego todo lo anterior (cada una de nosotras sabrá con cuánto humanismo lidia), pero lo que más más me gusta es que generalmente se opina así:
"Claro, todas podemos ser así de putas y seducir al novio de la otra, el tema es que eso no se hace".
Y ahí tengo ganas de reírme.
1)¿TODAS podemos ser así de putas? Claramente NO. Para ser puta hay que ser puta, eso no se puede fingir.
2)¿Seducir al novio de otra? Aunque la mona se vista de seda, mona queda. SEDUCIR es un arte, así seas la Venus de Milo, si no tenes ese gustito a pasión, no te levantas ni a la mañana. Un novio vas a tener seguro, pero la seducción, darlings, es otra cosa.
3)¿Eso no se hace?... Claro, porque soy yo la que te juró fidelidad y amor. ¡Ja!
Las cosas que hay que escuchar...
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Reflexion
sábado 24 de julio de 2010
Hacer lo que íbamos a hacer
Dos minutos. Habíamos quedado a las cuatro y media y yo miraba el reloj y sabía que faltaban dos minutos. 120 tics de la agua grande. A las cuatro y media iban a tocar timbre y yo no sabía ni siquiera qué se suponía que tenía que ponerme.
"Esas cosas se hacen solo estando muy en pedo", dicen mis amigas, pero yo no tomo alcohol y estaba sobría. Tan desesperadamente sobria que sentía el gustito a miedo en la boca.
Respiré hondo, me senté en el borde de la cama con la cabeza entre las piernas.
Al fin y al cabo era decisión mía, solo mía y sabía perfectamente que el problema iba a ser el principio, solo el principio. Y que a lo sumo, si todo salía mal, no iba a haber perdido más de dos horas de un domingo frío de lluvia, no las iba a extrañar.
Cuatro y media pasadas. Ya tenían que estar por llegar. Miré mi casa, estaba todo ordenado, todo listo. Bah, listo... no sabía muy bien qué era lo que tenía que estar listo, así que asumí que así era... A Jota ya lo conocía, con él no había sorpresas. Si había alguien con quién estaba tranquila de hacer lo que iba a hacer era con él, mejor guía, imposible. Pero eso no me calmaba. Nada podía calmarme en realidad. Como dije, hay cosas que intuyo que solo se deberían hacer a condición de estar narcotizado.
Pero yo aprendí a lidiar conmigo y mi plena conciencia permanente.
Y entonces cuando escuché el timbre, me paré derecha, me dí el último golpe de espejo y enfundada en la sonrisa de mi personaje protector, bajé a abrirles.
Es que después de todo, yo era la mujer y como tal, debía aportar lo femenino. Para hacer lo que ibamos a hacer, entonces, los tres necesitabamos que el poder no lo tuviera yo.
"Esas cosas se hacen solo estando muy en pedo", dicen mis amigas, pero yo no tomo alcohol y estaba sobría. Tan desesperadamente sobria que sentía el gustito a miedo en la boca.
Respiré hondo, me senté en el borde de la cama con la cabeza entre las piernas.
Al fin y al cabo era decisión mía, solo mía y sabía perfectamente que el problema iba a ser el principio, solo el principio. Y que a lo sumo, si todo salía mal, no iba a haber perdido más de dos horas de un domingo frío de lluvia, no las iba a extrañar.
Cuatro y media pasadas. Ya tenían que estar por llegar. Miré mi casa, estaba todo ordenado, todo listo. Bah, listo... no sabía muy bien qué era lo que tenía que estar listo, así que asumí que así era... A Jota ya lo conocía, con él no había sorpresas. Si había alguien con quién estaba tranquila de hacer lo que iba a hacer era con él, mejor guía, imposible. Pero eso no me calmaba. Nada podía calmarme en realidad. Como dije, hay cosas que intuyo que solo se deberían hacer a condición de estar narcotizado.
Pero yo aprendí a lidiar conmigo y mi plena conciencia permanente.
Y entonces cuando escuché el timbre, me paré derecha, me dí el último golpe de espejo y enfundada en la sonrisa de mi personaje protector, bajé a abrirles.
Es que después de todo, yo era la mujer y como tal, debía aportar lo femenino. Para hacer lo que ibamos a hacer, entonces, los tres necesitabamos que el poder no lo tuviera yo.
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narracion
viernes 23 de julio de 2010
El amor de la escritora
Ya lo ves,
como te dije aquella vez
no soy mujer de ir con vueltas
más bien una pendeja resuelta.
Y no por pijudo o apuesto
perdés lo que detesto,
esa manía loca de negarme todo
y de ponerme siempre un pretexto.
Y si tus ojos encendidos
y mis labios sometidos
juegan a no darse cuenta
te lo digo con palabras,
para que entiendas.
Es ella o soy yo,
que las cosas así no son nada,
ni chicha ni limonada,
que dos son pareja pero tres, manada.
Y aunque no lo hayas mencionado,
por cagón o por tarado,
como te dije, en chiste, aquella vez,
yo sé, tontito, cuanto me querés.
Escribirte un mensaje en rima
es una de mis tantas sorpresas
Tu novia es vieja, es fea y es ingonante,
en cambio yo, una escritora radiante.
Mandá a la mierda al bagarto
y salí huyendo del cuarto.
Vení a vivir conmigo, yo te espero.
Vas a ver lo firme que tengo el trasero.
Quise solo decirte esto
para que, de una vez, seas honesto
y dejes de ocultarte la verdad:
Vos y yo sabemos,
es a mí a quién amas.
(Esté post es viejo pero lo corregí y me gustó tanto que quise re-publicarlo)
como te dije aquella vez
no soy mujer de ir con vueltas
más bien una pendeja resuelta.
Y no por pijudo o apuesto
perdés lo que detesto,
esa manía loca de negarme todo
y de ponerme siempre un pretexto.
Y si tus ojos encendidos
y mis labios sometidos
juegan a no darse cuenta
te lo digo con palabras,
para que entiendas.
Es ella o soy yo,
que las cosas así no son nada,
ni chicha ni limonada,
que dos son pareja pero tres, manada.
Y aunque no lo hayas mencionado,
por cagón o por tarado,
como te dije, en chiste, aquella vez,
yo sé, tontito, cuanto me querés.
Escribirte un mensaje en rima
es una de mis tantas sorpresas
Tu novia es vieja, es fea y es ingonante,
en cambio yo, una escritora radiante.
Mandá a la mierda al bagarto
y salí huyendo del cuarto.
Vení a vivir conmigo, yo te espero.
Vas a ver lo firme que tengo el trasero.
Quise solo decirte esto
para que, de una vez, seas honesto
y dejes de ocultarte la verdad:
Vos y yo sabemos,
es a mí a quién amas.
(Esté post es viejo pero lo corregí y me gustó tanto que quise re-publicarlo)
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narracion
miércoles 21 de julio de 2010
El buñuelo de Tita.
Cuando Tita sintió sobre sus hombros la ardiente mirada de Pedro, comprendió perfectamente lo que debe sentir la masa de un buñuelo al entrar en contacto con el aceite hirviendo. Y era tan real la sensación de calor que la invadía, que ante el temor que como a un buñuelo le empezaran a brotar burbujas por todo el cuerpo, el vientre, el corazón, los senos, bajó la mirada y trató de huír.
Laura Esquivel, Como Agua para Chocolate.
Laura Esquivel, Como Agua para Chocolate.
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citas
martes 20 de julio de 2010
¿Vos sos la chica Dove?
No entiendo lo que es. O sea...¿es un pajarito? Es que el lugar es raro también como medio de costado...¿no?.... No, si, es un pájaro, eso seguro. Esta es un ala...¿no? ¡Ah! Aca veo el ojo, si, ya enten¿por qué ahí? ¿No es como... un rollo? Estem... ¿y significa algo? ¿Es por la paz en Israel? Vos eras judía me acuerdo... como que lo relaciono con eso, ¿no? la paz... También parece una publicidad de Dove. ¡Para! ¿Vos no serás una chica Dove, no? ¿Estuviste en la publi? No me digas que por eso es... A ver, para que traigo el jabón viste que tiene el dibujito ahí¿eh? ah, ¿no es por eso?... ah... porque a mi me re copa todo el concepto de la chica Dove, es como valorar a las mujeres reales, como vos, a las que no son modelitos perfectas... estem.... bueno, no, es que no sé... O sea me parece que está bueno, como... no sé, es raro el lugar, yo siempre los vi más al medio, pero me gusta eh, es original... BASTA.
1)NO. NO SOY, FUI NI SERÉ UNA CHICA DOVE.
2)SI, ESTÁ EN UN ROLLO, SO WHAT?
3)NO, NO ES LA DE LA PAZ. (Y si tienen la posibilidad de verlo, hagan el favor de hacer la guerra).
4)(Y anticipándome a lo que viene) NO, NO SOMOS UN GRUPO DE ADOLESCENTES ENFERVORIZADAS CON CREPÚSCULO. Me ofende que lo hayan pensando.

No voy a revelar la historia simplemente por que no la hubo. Solo diré, haciendo coincidir este post con el comercialísimo "día del amigo" que solamente por ellas me marqué el cuerpo para siempre.
1)NO. NO SOY, FUI NI SERÉ UNA CHICA DOVE.
2)SI, ESTÁ EN UN ROLLO, SO WHAT?
3)NO, NO ES LA DE LA PAZ. (Y si tienen la posibilidad de verlo, hagan el favor de hacer la guerra).
4)(Y anticipándome a lo que viene) NO, NO SOMOS UN GRUPO DE ADOLESCENTES ENFERVORIZADAS CON CREPÚSCULO. Me ofende que lo hayan pensando.

No voy a revelar la historia simplemente por que no la hubo. Solo diré, haciendo coincidir este post con el comercialísimo "día del amigo" que solamente por ellas me marqué el cuerpo para siempre.
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en primera persona
domingo 18 de julio de 2010
Invocación a la Diosa
Durante mucho tiempo me ha gustado creer que todo buen verso estaba al final de un camino lleno de espantos y pena. El sendero poético que me atreví a imaginar conducía a un lugar más glorioso cuanto mayores eran los sufrimientos del camino. Los malvados elegirían un camino fácil, que no llevaba a ninguna parte.
Más tarde, Robert Graves me reveló una verdad: existe la musa y es la mujer que uno ama.
Desventuras de última hora me hicieron ver que tal vez ambas intuiciones son ciertas. El camino dificil es el camino del enamorado y del poeta. Ese camino es el que conduce a la diosa, que es la mujer amada y la única que conoce -o nos hace conocer- la música buscada.
Alejandro Dolina, Lo que me cósto el amor de Laura.
Más tarde, Robert Graves me reveló una verdad: existe la musa y es la mujer que uno ama.
Desventuras de última hora me hicieron ver que tal vez ambas intuiciones son ciertas. El camino dificil es el camino del enamorado y del poeta. Ese camino es el que conduce a la diosa, que es la mujer amada y la única que conoce -o nos hace conocer- la música buscada.
Alejandro Dolina, Lo que me cósto el amor de Laura.
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citas
viernes 16 de julio de 2010
Just because I can.
Las quejas tienen mala fama. Salvo que, claro, sean por una causa noble. (Las mías son por una causa nabel, que es bastante similar, ¿no?).
Nada más prototípico que una vieja amaragada.... y quejosa.
Creo que como sabemos que a nadie le cabe mucho aguantar las quejas porque sí, porque se puede, de otro, la tendencia general es a vomitarlas y una vez fuera del cuerpo, olvidarlas, dejarlas ir, disimularlas casí. Yo sonrío después de quejarme, para parecer menos insoportable.
Pero hoy, hoy voy a demostrar mi audacia.
Si, como lo esc... lee, como lee.
Chan chan...
LA PUTA QUE LO REMIL PARIÓ QUE FRÍO DEL ORTO. Otra que el invento de la gripe A, ¡¡suspendeme todo por la helada!! Dejame de joder, una no puede vivir así, chorreando aguita por la nariz, sufriendo el congelamiento de las extremidades. NO SEÑOR. Si yo quisiera vivir en un iglú me hubiese ido a vivir a Copenhague, ESTOY INDIGNADA. Para frío está Juana Viale, por favor. SUSPENDEME EL FRÍO. YA. YA DIJE, MIERDA.
Ahí tienen. Mi queja porque sí, porque puedo, plasmada para la eternidad. Como yo, que voy a quedar como las momias de Salta si tengo que esperar al colectivo más de medio segundo. Me estudiarán civilizaciónes futuras, la que venga después de la destrucción del mundo de 2012... o tal vez me descongelo con el big-bang y soy la Eva 2.0... no está mal eh. Nada nada mal.
Nada más prototípico que una vieja amaragada.... y quejosa.
Creo que como sabemos que a nadie le cabe mucho aguantar las quejas porque sí, porque se puede, de otro, la tendencia general es a vomitarlas y una vez fuera del cuerpo, olvidarlas, dejarlas ir, disimularlas casí. Yo sonrío después de quejarme, para parecer menos insoportable.
Pero hoy, hoy voy a demostrar mi audacia.
Si, como lo esc... lee, como lee.
Chan chan...
LA PUTA QUE LO REMIL PARIÓ QUE FRÍO DEL ORTO. Otra que el invento de la gripe A, ¡¡suspendeme todo por la helada!! Dejame de joder, una no puede vivir así, chorreando aguita por la nariz, sufriendo el congelamiento de las extremidades. NO SEÑOR. Si yo quisiera vivir en un iglú me hubiese ido a vivir a Copenhague, ESTOY INDIGNADA. Para frío está Juana Viale, por favor. SUSPENDEME EL FRÍO. YA. YA DIJE, MIERDA.
Ahí tienen. Mi queja porque sí, porque puedo, plasmada para la eternidad. Como yo, que voy a quedar como las momias de Salta si tengo que esperar al colectivo más de medio segundo. Me estudiarán civilizaciónes futuras, la que venga después de la destrucción del mundo de 2012... o tal vez me descongelo con el big-bang y soy la Eva 2.0... no está mal eh. Nada nada mal.
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en primera persona
domingo 4 de julio de 2010
La postergacion de la ducha
No sé cómo debería saludarla. No sé. Soy quien llega, quien debería saberlo, pero no sé. Después de tantos meses… Es ella quién percibiendo mis dudas me busca la boca. Me alegra que lo haga y lo descubro con cierta resistencia.
No nos cuesta mucho entrar en confianza, somos viejos conocidos después de todo, literalmente después de todo, y la charla banal dura poco porque mi cuerpo empieza a recordarla y sintiendo la excitación en la piel, empiezo a besarla y a desnudarla.
Mis sentidos le pertenecen, se adueña de ellos como solía, mis manos, mi nariz, mis oídos. Ay, dios, mis oídos se enamoran de sus gemidos y yo no aguanto las ganas de poseerla. Pero no figuradamente, poseerla a ella entera: a su cuerpo y a ella.
Media hora, un poco más tal vez, dura la batalla. Llego al límite de mis fuerzas con tal de sentirla estremecerse, pero da pelea y vamos más allá. Sus piernas, sus brazos vuelan por todos lados y yo ya no sé cómo acomodarla, no me canso nunca, soy como un chico en una juguetería.
La siento cansada, relajada, lánguida. No es la primera vez, sé qué hacer para volver a subirla al caballo, le susurro que me acompañe en esa última corrida, “la última, dale”. Me mira con ojos inocentes y me vuelve loco, loco de querer estrangularla, de querer ahogarla con la almohada. Me desespera no encontrarle la veta desagradable, después de haber hecho lo que hicimos que me mire con esos ojos tiernos y amorosos me revienta, me exaspera. La vuelvo a excitar, con violencia, con maldad casi. Una, dos, tres veces. Grita de placer y yo arriba, apretando los dientes, queriendo llegarle hasta el centro, lastimarla, hacerla llorar. Reviento y reviento más cuando la siento a ella temblar así. La veo con los ojos apretados, en pleno transe. Ay ese gesto. Si pudiera llevármelo de recuerdo…
La miro reposar en la cama, abajo mío, la respiración agitada. Relajada. Yo estoy agotado también, pero aguanto y no me desplomo todavía. Le corro el pelo de la cara y le doy un beso en los ojos, es una sensación triunfal la que tengo.
Me acuesto al lado y cierro los ojos. Nos quedamos en silencio, recuperando el aire y yo la movilidad de mis piernas. No sé cuánto pasa pero mucho antes de que abra la boca la siento moverse y no tengo que mirarla para notarle la sonrisa de oreja a oreja y el pelo revuelto. Sé que me va a ofrecer algo de tomar y acepto, no me muevo de donde estoy.
Vuelve a la cama con dos vasos y una botella de agua y se sienta con las piernas cruzadas, todavía desnuda. Sonríe bellísima y me ofrece de tomar. Me incorporo, me recuesto contra la cabecera y acepto el vaso. Nos miramos un ratito en silencio pero no aguanta mucho y corre la cara en medio de una sonrisa tímida. Es que no soporta el silencio pero sabe que no debería romperlo, así que se acomoda el pelo solo para hacer algo. No sé cómo empezamos a charlar, pero sucede. De esto, de aquello. En algún momento se da vuelta y queda boca abajo mirándome, con los codos sobre la cama. Veo su espalda y la curva de la cola y aunque me tienta tocarla no lo hago. Es ella la que avanza sobre mí, sobre mi cuerpo. Se acerca a besarme y se acomoda encima mío en actitud seductora. Me besa el cuello y los hombros y yo la dejo hacer mientras le acaricio la espalda. Me tienta dejarte un chupón, me dice y sé que no lo va a hacer pero me asusta, de todas formas no hago nada, la dejo en libertad, incapaz de despegarla de ahí. Se da cuenta rápidamente lo que quiero y me complace, descubro gratificado que aprendió cosas nuevas y me entrego ciego a ella, a su boca y a sus labios, a ese ir y venir tan propio que ¡ay! ahora sé extrañé tanto.
Los dos sabemos al final que esta es la última aventura del día. Se acerca la partida, ya es hora. La acaricio con sincera ternura mientras juega a besarme como una nena, le saco el pelo de la cara y se lo pongo atrás de la oreja. Hablamos en susurros, cerquita uno del otro.
Pero no me puedo ir, no todavía.
Se levanta y va hasta la cocina a traer algo de comer. Me llevo el brazo, mi brazo, a la nariz y compruebo, como siempre, que ahí está. Impregnada en mi piel. No llego a olerme las piernas, pero seguramente ahí estaría con mucho más potencia. Huelo las almohadas y las sábanas, daría cualquier cosa por llevarme un pedacito en la billetera. Siempre me pasa lo mismo, siempre. El olor de ella en mi cuerpo me causa una sensación que no puedo nombrar. Respiro hondo para inhalar su olor en el aire y en eso vuelve y trae algo para picar. Sonríe. Se acuesta al lado mío y la miro comer desinhibida, sin conciencia de su cuerpo sin rastro de inseguridades que ocultarían la desnudez de más de una. Me dan ganas de besarla y de olerle el cuello pero una vez más me contengo. Sé que me tengo que ir y no puedo. Es que antes de irme tengo que ducharme, sacarme los restos de ella del cuerpo. Eso es lo que me detiene. Me resisto a tener que dejar en este departamento los restos de su olor, pero no encuentro ninguna estrategia para poder llevármelo de souvenir a casa. Repaso mentalmente excusas y explicaciones y vuelvo a la misma conclusión, me tengo que duchar.
Tomo fuerzas cuando sé que ya no puedo postergarlo más y le pido un toallón. No se sorprende, estaba esperando este momento desde que entré, así que se limita a pararse y a dármelo. Se le esfuma la sonrisa y aunque hace el esfuerzo sé que no deja de dolerle la inminencia de mi partida. Salgo de la ducha y la veo vestida y acomodando el desastre que hicimos en el departamento. Me empiezo a vestir y pretendo seguir la conversación pero algo (la ilusión) se rompió y aunque para otro sería imperceptible, yo sé que esta disimulando las ganas de llorar. Sonríe, de todas formas, y se ríe forzadamente de algo así como un chiste que pretendo hacerle. Lo último que agarro es el celular, me lo pongo en el bolsillo del jean y me acompaña hasta la puerta. Esto no es una despedida, nos vamos a volver a ver, pero hay algo bastante solemne en el último beso. Y mientras se acerca para colgarse de mi cuello, la veo olerse un hombro y sonreír, tengo olor a vos, me dice, “tengo olor a vos”.
No nos cuesta mucho entrar en confianza, somos viejos conocidos después de todo, literalmente después de todo, y la charla banal dura poco porque mi cuerpo empieza a recordarla y sintiendo la excitación en la piel, empiezo a besarla y a desnudarla.
Mis sentidos le pertenecen, se adueña de ellos como solía, mis manos, mi nariz, mis oídos. Ay, dios, mis oídos se enamoran de sus gemidos y yo no aguanto las ganas de poseerla. Pero no figuradamente, poseerla a ella entera: a su cuerpo y a ella.
Media hora, un poco más tal vez, dura la batalla. Llego al límite de mis fuerzas con tal de sentirla estremecerse, pero da pelea y vamos más allá. Sus piernas, sus brazos vuelan por todos lados y yo ya no sé cómo acomodarla, no me canso nunca, soy como un chico en una juguetería.
La siento cansada, relajada, lánguida. No es la primera vez, sé qué hacer para volver a subirla al caballo, le susurro que me acompañe en esa última corrida, “la última, dale”. Me mira con ojos inocentes y me vuelve loco, loco de querer estrangularla, de querer ahogarla con la almohada. Me desespera no encontrarle la veta desagradable, después de haber hecho lo que hicimos que me mire con esos ojos tiernos y amorosos me revienta, me exaspera. La vuelvo a excitar, con violencia, con maldad casi. Una, dos, tres veces. Grita de placer y yo arriba, apretando los dientes, queriendo llegarle hasta el centro, lastimarla, hacerla llorar. Reviento y reviento más cuando la siento a ella temblar así. La veo con los ojos apretados, en pleno transe. Ay ese gesto. Si pudiera llevármelo de recuerdo…
La miro reposar en la cama, abajo mío, la respiración agitada. Relajada. Yo estoy agotado también, pero aguanto y no me desplomo todavía. Le corro el pelo de la cara y le doy un beso en los ojos, es una sensación triunfal la que tengo.
Me acuesto al lado y cierro los ojos. Nos quedamos en silencio, recuperando el aire y yo la movilidad de mis piernas. No sé cuánto pasa pero mucho antes de que abra la boca la siento moverse y no tengo que mirarla para notarle la sonrisa de oreja a oreja y el pelo revuelto. Sé que me va a ofrecer algo de tomar y acepto, no me muevo de donde estoy.
Vuelve a la cama con dos vasos y una botella de agua y se sienta con las piernas cruzadas, todavía desnuda. Sonríe bellísima y me ofrece de tomar. Me incorporo, me recuesto contra la cabecera y acepto el vaso. Nos miramos un ratito en silencio pero no aguanta mucho y corre la cara en medio de una sonrisa tímida. Es que no soporta el silencio pero sabe que no debería romperlo, así que se acomoda el pelo solo para hacer algo. No sé cómo empezamos a charlar, pero sucede. De esto, de aquello. En algún momento se da vuelta y queda boca abajo mirándome, con los codos sobre la cama. Veo su espalda y la curva de la cola y aunque me tienta tocarla no lo hago. Es ella la que avanza sobre mí, sobre mi cuerpo. Se acerca a besarme y se acomoda encima mío en actitud seductora. Me besa el cuello y los hombros y yo la dejo hacer mientras le acaricio la espalda. Me tienta dejarte un chupón, me dice y sé que no lo va a hacer pero me asusta, de todas formas no hago nada, la dejo en libertad, incapaz de despegarla de ahí. Se da cuenta rápidamente lo que quiero y me complace, descubro gratificado que aprendió cosas nuevas y me entrego ciego a ella, a su boca y a sus labios, a ese ir y venir tan propio que ¡ay! ahora sé extrañé tanto.
Los dos sabemos al final que esta es la última aventura del día. Se acerca la partida, ya es hora. La acaricio con sincera ternura mientras juega a besarme como una nena, le saco el pelo de la cara y se lo pongo atrás de la oreja. Hablamos en susurros, cerquita uno del otro.
Pero no me puedo ir, no todavía.
Se levanta y va hasta la cocina a traer algo de comer. Me llevo el brazo, mi brazo, a la nariz y compruebo, como siempre, que ahí está. Impregnada en mi piel. No llego a olerme las piernas, pero seguramente ahí estaría con mucho más potencia. Huelo las almohadas y las sábanas, daría cualquier cosa por llevarme un pedacito en la billetera. Siempre me pasa lo mismo, siempre. El olor de ella en mi cuerpo me causa una sensación que no puedo nombrar. Respiro hondo para inhalar su olor en el aire y en eso vuelve y trae algo para picar. Sonríe. Se acuesta al lado mío y la miro comer desinhibida, sin conciencia de su cuerpo sin rastro de inseguridades que ocultarían la desnudez de más de una. Me dan ganas de besarla y de olerle el cuello pero una vez más me contengo. Sé que me tengo que ir y no puedo. Es que antes de irme tengo que ducharme, sacarme los restos de ella del cuerpo. Eso es lo que me detiene. Me resisto a tener que dejar en este departamento los restos de su olor, pero no encuentro ninguna estrategia para poder llevármelo de souvenir a casa. Repaso mentalmente excusas y explicaciones y vuelvo a la misma conclusión, me tengo que duchar.
Tomo fuerzas cuando sé que ya no puedo postergarlo más y le pido un toallón. No se sorprende, estaba esperando este momento desde que entré, así que se limita a pararse y a dármelo. Se le esfuma la sonrisa y aunque hace el esfuerzo sé que no deja de dolerle la inminencia de mi partida. Salgo de la ducha y la veo vestida y acomodando el desastre que hicimos en el departamento. Me empiezo a vestir y pretendo seguir la conversación pero algo (la ilusión) se rompió y aunque para otro sería imperceptible, yo sé que esta disimulando las ganas de llorar. Sonríe, de todas formas, y se ríe forzadamente de algo así como un chiste que pretendo hacerle. Lo último que agarro es el celular, me lo pongo en el bolsillo del jean y me acompaña hasta la puerta. Esto no es una despedida, nos vamos a volver a ver, pero hay algo bastante solemne en el último beso. Y mientras se acerca para colgarse de mi cuello, la veo olerse un hombro y sonreír, tengo olor a vos, me dice, “tengo olor a vos”.
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narracion
viernes 2 de julio de 2010
¿Qué era Frida?
Hace algunos días ando garabateando un texto a cerca de... de... no sé ni cómo explicarlo. A raíz de esto me acordé algo que una vez me comentaron en el Malba, en frente del cuadro de Frida Kahlo (que by the way está catalogado como surrealista).
¿Era Frida una surrealista?
Bretón anduvo por México dando conferencias y quedó maravillado con el trabajo de Frida Kahlo. En sus cuadros aparecen deformaciones y elementos extraños al lugar y al paisaje, existe una clara deformación de "lo real", y aunque no se trata de arte no figurativo (claramente), sí abundan los elementos disociativos y de caracter extravagante dentro de sus pinturas. Pero Frida decía que ella no era surrealista. Y esta misma negación, para algunos, la excluye del movimiento. Es que los surrealistas, DECIDIAN, plasmar lo onírico, lo subconciente, como MODO de expesión, pretendían mostrar que el arte en general no había sido capaz de reflejar la nueva "forma" del mundo, y el mundo había cambiado y mucho.
Frida veía las cosas como las pintaba, fantásticas. No se trataba de un intento de nada, ella pintaba lo que veía, lo que sentía y cómo lo sentía. la FORMA era surrealista, eso sí.
Más allá de la discusión (que solo pretendo plantear), me pareció un ejemplo interesante para explicarles lo que venía pensando: ¿Quién sabe más de uno, uno mismo o la gente que lo rodea?
Seguramente todos hayan tenido la oportunidad de escuchar alguna vez a algun amigo o familiar hablar de uno. Ese discurso, ese armado de oraciones que hace el otro, plasma lo que siente, lo que percibe desde el contexto. Es increíble lo exacto que resulta. Y aunque uno puede coincidir o negar, generalmente este punto de vista es nuevo, es sintético y sobre todo, sorprendente.
Yo creo que algunas pocas personas que me conocen desde hace mucho siempre supieron más de mí que yo. Es cierto, pasé muchos años escondiéndome de mí, pero no puedo dejar de maravillarme con lo parecida que empiezo a ser a esos antiguos testimonios que en ese momento creí, hablaban de otra Tamara.
Bretón anduvo por México dando conferencias y quedó maravillado con el trabajo de Frida Kahlo. En sus cuadros aparecen deformaciones y elementos extraños al lugar y al paisaje, existe una clara deformación de "lo real", y aunque no se trata de arte no figurativo (claramente), sí abundan los elementos disociativos y de caracter extravagante dentro de sus pinturas. Pero Frida decía que ella no era surrealista. Y esta misma negación, para algunos, la excluye del movimiento. Es que los surrealistas, DECIDIAN, plasmar lo onírico, lo subconciente, como MODO de expesión, pretendían mostrar que el arte en general no había sido capaz de reflejar la nueva "forma" del mundo, y el mundo había cambiado y mucho.
Frida veía las cosas como las pintaba, fantásticas. No se trataba de un intento de nada, ella pintaba lo que veía, lo que sentía y cómo lo sentía. la FORMA era surrealista, eso sí.
Más allá de la discusión (que solo pretendo plantear), me pareció un ejemplo interesante para explicarles lo que venía pensando: ¿Quién sabe más de uno, uno mismo o la gente que lo rodea?
Seguramente todos hayan tenido la oportunidad de escuchar alguna vez a algun amigo o familiar hablar de uno. Ese discurso, ese armado de oraciones que hace el otro, plasma lo que siente, lo que percibe desde el contexto. Es increíble lo exacto que resulta. Y aunque uno puede coincidir o negar, generalmente este punto de vista es nuevo, es sintético y sobre todo, sorprendente.
Yo creo que algunas pocas personas que me conocen desde hace mucho siempre supieron más de mí que yo. Es cierto, pasé muchos años escondiéndome de mí, pero no puedo dejar de maravillarme con lo parecida que empiezo a ser a esos antiguos testimonios que en ese momento creí, hablaban de otra Tamara.
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