No sé cómo debería saludarla. No sé. Soy quien llega, quien debería saberlo, pero no sé. Después de tantos meses… Es ella quién percibiendo mis dudas me busca la boca. Me alegra que lo haga y lo descubro con cierta resistencia.
No nos cuesta mucho entrar en confianza, somos viejos conocidos después de todo, literalmente después de todo, y la charla banal dura poco porque mi cuerpo empieza a recordarla y sintiendo la excitación en la piel, empiezo a besarla y a desnudarla.
Mis sentidos le pertenecen, se adueña de ellos como solía, mis manos, mi nariz, mis oídos. Ay, dios, mis oídos se enamoran de sus gemidos y yo no aguanto las ganas de poseerla. Pero no figuradamente, poseerla a ella entera: a su cuerpo y a ella.
Media hora, un poco más tal vez, dura la batalla. Llego al límite de mis fuerzas con tal de sentirla estremecerse, pero da pelea y vamos más allá. Sus piernas, sus brazos vuelan por todos lados y yo ya no sé cómo acomodarla, no me canso nunca, soy como un chico en una juguetería.
La siento cansada, relajada, lánguida. No es la primera vez, sé qué hacer para volver a subirla al caballo, le susurro que me acompañe en esa última corrida, “la última, dale”. Me mira con ojos inocentes y me vuelve loco, loco de querer estrangularla, de querer ahogarla con la almohada. Me desespera no encontrarle la veta desagradable, después de haber hecho lo que hicimos que me mire con esos ojos tiernos y amorosos me revienta, me exaspera. La vuelvo a excitar, con violencia, con maldad casi. Una, dos, tres veces. Grita de placer y yo arriba, apretando los dientes, queriendo llegarle hasta el centro, lastimarla, hacerla llorar. Reviento y reviento más cuando la siento a ella temblar así. La veo con los ojos apretados, en pleno transe. Ay ese gesto. Si pudiera llevármelo de recuerdo…
La miro reposar en la cama, abajo mío, la respiración agitada. Relajada. Yo estoy agotado también, pero aguanto y no me desplomo todavía. Le corro el pelo de la cara y le doy un beso en los ojos, es una sensación triunfal la que tengo.
Me acuesto al lado y cierro los ojos. Nos quedamos en silencio, recuperando el aire y yo la movilidad de mis piernas. No sé cuánto pasa pero mucho antes de que abra la boca la siento moverse y no tengo que mirarla para notarle la sonrisa de oreja a oreja y el pelo revuelto. Sé que me va a ofrecer algo de tomar y acepto, no me muevo de donde estoy.
Vuelve a la cama con dos vasos y una botella de agua y se sienta con las piernas cruzadas, todavía desnuda. Sonríe bellísima y me ofrece de tomar. Me incorporo, me recuesto contra la cabecera y acepto el vaso. Nos miramos un ratito en silencio pero no aguanta mucho y corre la cara en medio de una sonrisa tímida. Es que no soporta el silencio pero sabe que no debería romperlo, así que se acomoda el pelo solo para hacer algo. No sé cómo empezamos a charlar, pero sucede. De esto, de aquello. En algún momento se da vuelta y queda boca abajo mirándome, con los codos sobre la cama. Veo su espalda y la curva de la cola y aunque me tienta tocarla no lo hago. Es ella la que avanza sobre mí, sobre mi cuerpo. Se acerca a besarme y se acomoda encima mío en actitud seductora. Me besa el cuello y los hombros y yo la dejo hacer mientras le acaricio la espalda. Me tienta dejarte un chupón, me dice y sé que no lo va a hacer pero me asusta, de todas formas no hago nada, la dejo en libertad, incapaz de despegarla de ahí. Se da cuenta rápidamente lo que quiero y me complace, descubro gratificado que aprendió cosas nuevas y me entrego ciego a ella, a su boca y a sus labios, a ese ir y venir tan propio que ¡ay! ahora sé extrañé tanto.
Los dos sabemos al final que esta es la última aventura del día. Se acerca la partida, ya es hora. La acaricio con sincera ternura mientras juega a besarme como una nena, le saco el pelo de la cara y se lo pongo atrás de la oreja. Hablamos en susurros, cerquita uno del otro.
Pero no me puedo ir, no todavía.
Se levanta y va hasta la cocina a traer algo de comer. Me llevo el brazo, mi brazo, a la nariz y compruebo, como siempre, que ahí está. Impregnada en mi piel. No llego a olerme las piernas, pero seguramente ahí estaría con mucho más potencia. Huelo las almohadas y las sábanas, daría cualquier cosa por llevarme un pedacito en la billetera. Siempre me pasa lo mismo, siempre. El olor de ella en mi cuerpo me causa una sensación que no puedo nombrar. Respiro hondo para inhalar su olor en el aire y en eso vuelve y trae algo para picar. Sonríe. Se acuesta al lado mío y la miro comer desinhibida, sin conciencia de su cuerpo sin rastro de inseguridades que ocultarían la desnudez de más de una. Me dan ganas de besarla y de olerle el cuello pero una vez más me contengo. Sé que me tengo que ir y no puedo. Es que antes de irme tengo que ducharme, sacarme los restos de ella del cuerpo. Eso es lo que me detiene. Me resisto a tener que dejar en este departamento los restos de su olor, pero no encuentro ninguna estrategia para poder llevármelo de souvenir a casa. Repaso mentalmente excusas y explicaciones y vuelvo a la misma conclusión, me tengo que duchar.
Tomo fuerzas cuando sé que ya no puedo postergarlo más y le pido un toallón. No se sorprende, estaba esperando este momento desde que entré, así que se limita a pararse y a dármelo. Se le esfuma la sonrisa y aunque hace el esfuerzo sé que no deja de dolerle la inminencia de mi partida. Salgo de la ducha y la veo vestida y acomodando el desastre que hicimos en el departamento. Me empiezo a vestir y pretendo seguir la conversación pero algo (la ilusión) se rompió y aunque para otro sería imperceptible, yo sé que esta disimulando las ganas de llorar. Sonríe, de todas formas, y se ríe forzadamente de algo así como un chiste que pretendo hacerle. Lo último que agarro es el celular, me lo pongo en el bolsillo del jean y me acompaña hasta la puerta. Esto no es una despedida, nos vamos a volver a ver, pero hay algo bastante solemne en el último beso. Y mientras se acerca para colgarse de mi cuello, la veo olerse un hombro y sonreír, tengo olor a vos, me dice, “tengo olor a vos”.
16 comentarios:
Hermoso texto...
Mi principal sentido es el olfato, y pocas cosas me gustan como sentirme olor a...
Olores, olores, son tan importantes y rápidos para transportarnos a otros lados... como el gusto.
Lindo texto :-)
Me gustó mucho. Lo leés y te dan ganas de sentir el olor de alguien en tu piel, de oler a alguien. Muy bonito!
DeVezenCuando: Totalmente. No hay nada más lindo que tener el olor de él en la piel...alarga un poco el momento...no??
La Lectora: Gracias y si, coincido...el olor se queda grabado, no se va...es fant{astico el poder que tienen los olores.
El Dropi: Gracias, bueno, si le dan ganas de eso me alegra, misión cumplida!!
Muy muy lindo.
Lo bueno de los sentidos es que son eso mismo, no piensan.
No se si quiero llorar de emoción, de sentirme parte, de entender EXACTAMENTE eso, de ser ella todo el tiempo, o de llegar a ser él tmb.No se.. pero me mató.El olor, las ganas de llorar sublegadas ante una risa sonsa, el último trayecto a la puerta sabiendo que va a volver a pasar, pero cada vez es un poco la última. Gracias Tam.Ahora hace el lado B, cuando el sale por la puerta
Vic: Esta bueno eso! Los sentidos tiran para un lado y la cabeza para otro...no?
Jenn:Que lindo que te hayas sentido tan identificada.... es un verdadero mimo saber que esa historia un poco mía un poco inventada es también un poco la tuya.
No sé el lado B... si te tengo que ser honesta, generalmente reacciono uno o dos días después y con síntomas en el cuerpo. Ja! Nada glamoroso.
Un besito y gracias!
En algun punto, sentí cierta identificación con el relato. Ciertos recuerdos. Pero esos recuerdos van quedando cada vez más atrás, y por momento mas difíciles de ser evocados. Casi como un sueño antiguo, un ya no distinguir si pasó realmente.
Penélope: Tu texto me hizo recordar cosas que mucho me costó olvidar.
Pero quizás por el texto, o por el paso del tiempo, o por ambos; este recordar es un recordar sin dolor.
Gracias.
Me resulta muy triste.
Quizás por haber sido alguna vez el olor que él borraba sistemáticamente sin ganas de borrar; tal vez por haber olido hasta quitarle la fibra las sábanas.
A lo mejor por haber esperado hasta la última de las veces que no quisiera ni bañarse o irse, ni picar algo... y esperé en vano que se durmiera. Solamente que durmiera.
En fin, todo esto para decir que aún la tristeza sabe decir cuando algo es conmovedor.
Ja, viste qué vueltera?!
se extraña el perfumito, si.
ah me encantaron modelitos lanudos!
venir
Kamala: Creo que todos lo sabemos, no? por eso nos sentimos identificadas con la mujer de la narración, por eso creemos (yo incluída) que este relato en primera puede ser verdadero....Y si, es triste, pero en retrospectiva duele menos, no?
Un besito!
Ña: Si.. se extraña!! (Y mil gracias, viniendo de usted es un honor).
SOU: Bienvenido/a...me perdió.
Muy bueno! Qué lindo es sentir el olor del otro en la piel...
Tengo tu libro en mis manos :) es genial, felicitaciones!
Hola!! Gracias!!! Por dónde te llegó??
Me alegra que hayas elegido este cuentito, es uno de mis preferidos!!!
Un beso y gracias!!!
Publicar un comentario en la entrada