Durante mucho tiempo me ha gustado creer que todo buen verso estaba al final de un camino lleno de espantos y pena. El sendero poético que me atreví a imaginar conducía a un lugar más glorioso cuanto mayores eran los sufrimientos del camino. Los malvados elegirían un camino fácil, que no llevaba a ninguna parte.
Más tarde, Robert Graves me reveló una verdad: existe la musa y es la mujer que uno ama.
Desventuras de última hora me hicieron ver que tal vez ambas intuiciones son ciertas. El camino dificil es el camino del enamorado y del poeta. Ese camino es el que conduce a la diosa, que es la mujer amada y la única que conoce -o nos hace conocer- la música buscada.
Alejandro Dolina, Lo que me cósto el amor de Laura.
6 comentarios:
Ese texto me encanta, como tantas cosas de Dolina (y del citado Graves). Pero discordo, aunque me guste. No creo que para ser de buena calidad tenga que tener sufrimientos. Puede tenerlos o no, no son condición. Y a decir verdad, me quedo con el que tenga la menor cantidad de sufrimientos... al menos de ahora en más.
solo voy a decir que dolina es un genio. nunca encontré a nadie que me represente tan bien con sus escritos.
es cierto
al final de un muy buen verso TIENE que haber una Diosa
:¬P
Sin esfuerzo no hay gloria... y cuánto más se haya sufrido, más se disfrutará la victoria.
La lectora: Yo creo que todos los artistas tienen que tener alg+un grado de... no sé si decir sufrimiento, pero de pesar. Creo que de ahí viene la necesidad de explicar, de escribir, de llenar el vacío... pero claro, tampoco excesivamente, sino sería imposible de leer.
Martín: Yo no soy fanática, pero eso me gustó, la verdad que sí.
Briks: Totalmente!! Por que sino... de qué sirve todo el resto, ¿no?
Chelo: Me gusta su versito!!!
Troesma!
Dolina se zarpa en groso.
Saludos
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