Piel. Tal vez no exista un monosílabo más sensual. Mi piel te encendía, te apasionaba. Por eso decidí regalarte algunos centímetros cuadrados. Un pedacito de piel solo para vos. Lo elegí bien, quise que fuera el más suave, el más blanco, el más carnoso, el más tentador.
Solo a vos te lo mostré, solo vos lo besaste, lo acariciaste. Era, aún es, tuyo. Ese pedacito de piel.
Tanto te gustaba ese lugar que volvías recurrentemente una y otra vez, de visita, chequeando que no se hubiera contaminado por el sol, que siguiera terso y tuyo, sin rasguños, sin heridas. Te sorprendías cada vez, cada vez. No llegaste a aburrirte, ni te acostumbraste a tenerlo. No tuviste tiempo.
En cuanto a mi....no sé, no lo miro. Puse una cinta de clausurado y aunque es parte mía, evito pensar en el perfecto contraste que hacen mis uñas negras apoyadas laxamente en tu pedacito de piel, creando para los dos una imagen inolvidable. Sé que es hora de repatriarlo. De amigarme con la idea de que vuelva a ser mío, y de otro algún día.... Vos lo descubriste y lo disfrutaste, pero es mi geografía la que lo alberga. Ya no tenés potestad para reclamarlo, te la saco. Generaciones futuras de turistas estarán agradecidas.
7 comentarios:
muy buema narracion besos penelope
bien por ese volver habitar ese pedacito! bien por eso!
me gustó mucho!
besos
Gracias Carlos, Gracias Alelí!
Las pieles inhabitadas son un poco tristes. Se acostumbran y se después arrugan un poquito.
Diego: y si....tristes como el resto de la persona....en fin.
Me gusto mucho.
Yo también creo que el cerebro no es el único que memoriza.
La piel es como si fuera un cerebro camuflado.
No sé....pero si fuera asi que complicado....hay mecanismos para engañar al inconciente....pero a la piel, como se la engaña?
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