...EL ROMANCE EN LA LENGUA...

¡Aviso!

Este blog contiene textos ficcionales. Todo parecido con la realidad NO es mera casualidad, es simplemente parecido.
Si usted se siente identificado con algun texto, váyase a cagar. Seguramente algo mal hizo para ser musa de la desquiciada mente de la autora.

Leé - El libro

martes, 29 de septiembre de 2009

Ojos turquesa

La cosa fue asi:
Llegué puntual a la clase de las 21hs. Venía de casa, asi que no iba a llegar antes. Entré y el aula estaba a la mitad, elegí un banco por el medio y me senté. Estaba leyendo La Señora Daloway bastante poco atrapada en la historia para ser sincera, cuando se me ocurre darme vuelta, para ver si el bombonazo que vengo siguiendo desde el primer día había llegado. No lo vi, pero en vez, un par de ojos azul turquesa se me cruzaron en el camino. Dado que yo estaba sentada mirando para adelante, mi movimiento chequeatorio consitió en un ida y vuelta del torso. Por lo que cuando volví a la posición original solo tenía la impresión de haberlos visto, pero no la certeza. Había sido un intante. Esta vez sin disimular demasiado, volví a darme vuelta con la clara intención de mirar a la persona sentada justo atras, lugar donde me había cruzado con esa mirada.
Y lo que pasó, lo que ví..... no tuve consuelo. Efectivamente, ahí estaban en todo su esplendor, los ojos más hermosos que vi en la vida. Enormes, turquesa mar caribe, pestañas negras, largas....una delicia. Pero....arriba de esos ojos, como una cruel burla, apareció una gran, tupida y oscura ceja. Una sola. Que atravesaba la cara del señorito que ahora me miraba con curiosidad.
Hay, sentí dolor físico. ¡Pensar que con un poquito de cera esa deformidad unicejal se podría corregir! Me di vuelta.
Me encontré en una situación nueva, extraña. ¿Se puede intentar seducir a un tipo que para ser bellísimo necesita una depilación?... Analicé la situación. Parecía simpático, agradable....nada de seguridad en si mismo, totalmente ignorante de la potencialidad que tenía. Perfil bajo. No, no son mi tipo, pero esos ojos todo lo valen (¿no soy experta acaso en subirles el ego hasta que empiezan a maltratarme y a ignorarme?).... ¿Era posible, entonces, plantear un escenario en el que pudiera introducir, a modo de sugerencia, una depilación? No. Por lo menos no como compañera, no como amiga, no como amante. Y con unicejalidad, era tristemente incojible.
Y bueno. Entonces era un caso perdido. Decidí concentrar mi atención en el bombonazo que había fichado la primera vez que entré al aula, un tipo que no me va a dar bola, pero que me va a mantener ocupada durante todo el cuatrimestre.