-¿Te gusta?- Me preguntaste. Y yo, sin hablar, te respondí que sí. Insististe y con voz melosa me preguntaste: ¿Por qué?. Tuve que detener lo que estaba haciendo y responderte, con toda sinceridad que no sabía. ¿No sabia?. No, no sabía. Nunca me lo había preguntado y en ese preciso instante mi cabeza estaba en un estado stand by, lo cual me imposibilitaba razonar la sensación y ponerla en palabras. No tenía nada ensayado, ni en stock. Ni una frase, ni una sola respuesta standard para salir del paso, nada. Blanco. Te debe haber sonado extraño, viniendo de mi que todo lo razono y explico, porque instististe: “dale, decime, intentá”. Y yo, que había retomado mi actividad y en la cual estaba plenamente concentrada, tuve que volver a interrumpir para decirte una paparruchada, algo así como “me divierte” y retomé. Pero no, no era eso. Asi que, disconforme con mi respuesta, volví a interrumpir y me sinceré con vos: “Después lo pienso y te digo”. (No me vas a decir que no soy original). Listo, había ganado tiempo. En paz, pude volver a dedicarme a lo mío (que más que mio era nuestro).Esa misma noche me hiciste una pregunta similar referida a otro tema (¡insistías en desafiar a mi mente en descanso!) la cual todavía, no puedo responderme/te. Más allá de eso, todo transcurrió en perfecta armonía, de la manera en que la diosa lo quiso.Y entonces, algunas horas después, con el cuerpo en reposo y la cabeza en pleno funcionamiento, me enfrenté con la pregunta. Invoqué la imagen que tenía guardada de la noche, traté de recordar lo más específicamente posible las sensaciones. Y creo que entonces, llegué a una respuesta. Pero no. No es simple. No todavía al menos, tal vez la simplifique con el paso del tiempo, acercándome a la verdadera razón.Me gusta porque me siento capaz. Porque te siento compenetrado, entregado, disfrutando. No soy un alma caritativa, es una sensación que seguramente conoces, el goce de dar goce, de ser capaz de tamaña hazaña. Me gusta porque pienso que vos estas sintiendo lo mismo que yo cuando vos haces lo tuyo, y si bien no lo sé a ciencia cierta, ojala yo sea capaz de hacerte sentir las cosas que vos me haces sentir a mí cuando te esmeras. Me gusta porque hay un componente erótico inexplicable que hace que mi cuerpo se prepare para vos mientras yo te preparo para mi; como si mis fantasías se dispararan con el aumento de tu ritmo cardíaco. Me gusta porque de una forma u otra te recuerdo mi individualidad, te dejo mi marca. Mi método único e irrepetible, que podrás recordar con otras, pero que nunca será igual. Me gusta porque entro en contacto con tu lado más masculino, con lo que a mi me falta. Pienso ahora que podría ser mi forma de rendirle culto a tu virilidad, esa que tanto bien me hace. Y me gusta, finalmente, porque hasta hace poco no le encontraba el placer (lo recordaras), y es tan satisfactoria la sensación de haberme modificado, de haberme liberado de una (¡al menos!) represión, de haberme acercado a mi yo más real, que honestamente, ¿cómo podría no gustarme?
1 comentarios:
que lujo.
cuanto lujo y cuanta sensibilidad en el relato.
la verdad me ha trasnportado.
sobraban las palabras.
sobraban las preguntas.
como lector y espectador de lo que comentas, debo decirte que debe sentirse maravilloso estar en un momento asi, con alguien que te dedique su tiempo a hacerte bien, a elevarte la piel muy muy alto, transformando el juego en un feedback, un ida y vuelta, en el que ambos, ambos dos, los difruten, muchisimo, tanto el que recibe como el que ofrece.
yo tuve malas experiencias en este ambito.
estuve 5 años de matrimonio con una persona que no le gustaba hacerlo, y si alguna vez lo hizo fue para hacerme el favor, y la verdad, no se siente lindo asi.
perdon, me excedi con el comentario.
solamente queria decirte que lo que acabo de leer tiene una sensibilidad suprema, majestuosa.
gracias por compartirlo.
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