Hay un momento, un instante, un segundo que separa a dos personas de la intimidad del ser amantes. Antes de ese segundo, podían haber discutido la posibilidad de tener sexo, podrían haberse mirado lascivamente, incluso podrían haber cojido varias veces en encuentros anteriores. Pero ese día, en ese lugar, aún no manifestaron el deseo del uno por el otro, evitaron rosarse y tocarse. Ese instante preciso donde uno de los dos trasciende la barrera de lo urbanamente aceptado, define que a partir de ahí, todo vale. Todo. Es como si ese instante fuera el permiso para el desenfreno, para abrir la puerta de lo íntimo, para dejar de reprimir. No tiene que ser el momento del beso necesariamente, basta una caricia sutil o que simplemente uno de los dos se levante de su lugar con la intención de acercarse al otro, cualquier cosa puede hacer el truco.
Hasta que se despiden por ese día, por ese encuentro....y todo vuelve a recomenzar la vez siguiente, si es que la hay. Como si la confianza tuviera que ser ganada vez por vez. Uno no retoma donde dejó, se empieza de nuevo. Creo que vale hacer una salvedad: no hablo de amor. Nunca hablo de amor.
3 comentarios:
no sera amor, pero si un pasatiempos emocionante!
Uf! super emocionante! La adrenalina esta por todas partes!! Jajaa
Que paja volver a empezar cada vezzz!!!!
ahorremos ese tiempo..acumulemos lA confianza..asi no perdemos la media hoRa esa de mierda en hacernos desear cuando viniste hasta mi casa a las 4am con otro fin...
Publicar un comentario en la entrada