I am TaM
Tell me where, where is it written what it is i´m meant to be?
sábado 21 de enero de 2012
Zona de desastre
La cosa es que nos cruzamos. Era tan probable como improbable en esta superpoblada ciudad donde todos estamos cerca.
Ella y yo nos ponemos tensas, la veo cambiar el gesto relajado de la frente por uno arrugado y tenso. Reacciono e intento mantener los músculos de mi cara tal cual estaban un segundo antes. No quiero que se me note. Nuestros ojos se enuentran en algún punto del cruce de miradas, supongo que más cerca mío por mi mala visión. Aumentamos un poco la velocidad de la marcha, me doy cuenta porque el punto de cruce se me viene encima cada vez más rápido.
Ellos, o por lo menos él, endereza la espalda y se yergue en gesto masculino básico. No veo qué hace Fer. Es probable que esten midiendo las posibilidades del adversario en el caso, probable, de que tuvieran que agarrarse a piñas.
Me gustaría, no lo voy a negar.
El nudo en el estómago se rellena de imágenes y recuerdos y se inflama. "Me lo van a tener que drenar" pienso, sacando la ironía de no sé dónde.
20, 30 centímetros para la zona de desastre.
No puedo.
No puedo seguir, no puedo volver.
La cagaste lindo, pienso. Y al rescate viene la altanería que encuentra una ruta alternativa y llega justo a tiempo.
Nos cruzamos. Las cuatro miradas confluyen en un punto único donde nunca más será posible la vida vegetal.
Busca una reacción y en vez, encuentra un vocablo: "Hola", dice y sigue su rumbo. Son sus orígenes ingleses, seguro, pienso. Y reacciono. "Hola, qué tal" le digo, sin dejar de caminar despreciando con la mirada a uno y a otro.
Me da pena que no haya habido tunda.
Fer me mira, extrañado pero no dice nada.
El resto, es bruma.
viernes 13 de enero de 2012
Telemarketer
Le cuenta en un tono muy ofendido a la chica que le tocó atenderla que ella SIEMPRE usa la Ponds Rejuvenece y ahora no hay más. La telemarketer le pregunta si se fijó en otras tiendas y ella le dice que si, que recorrió las del barrio y no tienen. La chica no sabe muy bien qué responder y le dice que llame la semana que viene que probablemente va a entrar. La mujer le dice que no, que ella sin su crema va a enjecer mil años por noche. Le exige que le consiga un pote INMEDIATAMENTE.
Se disculpa la telefonista y le dice que ella nada puede hacer, no tiene acceso al stock de las diferentes sucursales y no sabría a quién llamar con semejante extravagancia. La señora alza la voz. Le dice ahora si, montada en furia, que no está bien ser condecendiente sólo porque se es jóven. Que ya va a entender ella los problemas de la vejez y que es una irrespetuosa y una maleducada. Le grita que no tiene integridad y que es incompetente en su trabajo. La chica está muda. Petrificada. Se hace un silencio. Ninguna habla pero ninguna corta.
La telefonista (que la señora imagina jóven) haciendo uso de sus neuronas no integradas al discurso que le enseñaron le pregunta cordialmente si probó en otras perfumerías.
La mujer le responde que NO, ella es clienta FIEL de Farmacity, que JAMAS se iría a la competencia. Y siguió con "Qué clase de empleada sos vos que me manda a comprar a la competencia, te voy a denunciar con tu jefe para que te dejen en la calle...." ya saben.
No hay nada más que decir de ningun lado. La señora necesita tomar aire, la chica mira a su alrededor chequeando si alguien vería si cortase el teléfono. Su supervisora está demasiado cerca.
De repente en la línea un sonido: ¿Me vas a conseguir la crema nena?
La telemarketer no lo piensa dos veces: Si, señora. Vaya a la sucursal de Medrano y Corrientes, y preguntelé a Natalia por el pote de crema que dejó Laura a nombre de usted. ¿Cómo es su nombre? Norma, Norma Cualquiera. Ok, Norma, vaya tranquila que lo va a encontrar.
Biiiip. Silencio.
¿Quién será Natalia, quién será Laura? No importa, cuando vuelva a llamar será problema de la telemarketer de al lado. Y si te he escuchado, no me acuerdo.
miércoles 30 de noviembre de 2011
Buscarme
martes 22 de noviembre de 2011
Llantismo.
Si, porque pareciera que ciertas personas creen que el gimnasio es un templo budista. No quiero decir que entran descalzos, más bien todo lo contrario. Se calzan las llantas cual trapito de Barrio River y way que tengan una manchita, way.
En el gimnasio se curte zapatilla limpia. Sobre todo blanca y limpia.
Obviamente las mías no se lavan desde 1992 (eran de mi madre) y eso me lleva a preguntarme si me mirarán mal por eso... (¿O será que saben que los odio a todos? ¿Saben que planeo MUY seriamente poner una bomba?)...
En fin, descubrí el temita de la zapatilla blanca. Y me dió un poco de rabia, o sea más que antes, pero digo, ¿Qué necesidad hay de gastar agua en lavar algo que no sirve más limpio que sucio? Te entiendo lo de la pollerita que dice Body Sistems, te entiendo esto de gastarte medio sueldo en un conjunto Nike para "runers" (porque Nike no hace outfeets para gimnásticas, ejem), ¿¿¿Pero las putas zapatillas de punta en blanco todos los santos días???
¿Cuántos pares tenés?
Y eso me lleva a otro gran descubrimiento sociológico:
Las minas que aman el gimnasio 1) Son solteras o 2) Viven con sus madres.
Otro día hablaremos de por qué Vicky se pone arriba de la musculosa una remera manga corta...¿No tiene calor? ¿Eso nos quiere decir? Ya habrá tiempo para eso. Ahora quería hacer una breve reflexión a cerca del, llamémosló, llantismo.
La mina triste, infrarealizada, simple... siente que la zapatilla blanca es como un Ricky Sacarni brand new. Se cree que la zapatilla hace las veces de zapato de cenicienta y por lo tanto, sería desagradable que el príncipe azul (en este caso la colchoneta azul) tocara un calzado roña. Se siente bella montada en sus llantas, como caballos blancos. Y no importa si del tobillo para arriba es un mar de chivo salado y oloroso, no importa, porque las zapatillas están blancas. Y radiantes. Y tal vez sea la única vez que alguien hable de ellas como "radiantes" y lo saben. Dusfrutan los microsegundos que les dura el salto y hacen de sus zapatillas palomas mensajeras, que volando llegan al espejo y rebotan y les devuelven una imagen idealizada de ellas mismas y las motiva y se esfuerzan por levantar más las piernas, más. Se excitan con el chivo goteándoles por el escote, por la panza, por fuera de la ropa hasta a penas rozar la media y hundirse en el algodón alcolchonado de sus Nike Sports Woman.
Hasta que la música punchi se termina y mientras yo le agradezco al díos de todos los intelectules amantes del arte, ellas se deprimen porque el reloj dió las doce y se trasnformaron en quienes realmente son. Y hieden. Y se ven incogibles.
"Elongamos". Yo calculo los segundos para huir... y sumo puntos a mi idea de esconder una calibre 32 en la cartera. Ellas se miran con desdén. Hasta mañana a las siete, pondrán la vida en stand by.
miércoles 16 de noviembre de 2011
Obesidad
Si la hipótesis es correcta, o semi-correcta, pasamos a la prótesis. Es decir:
"Si la obesidad es el problema del siglo, entonces las soluciones para la obesidad son el negocio del siglo".
Dieta Club, Alco, Ravena, El Té del Doctor Ming, el Escalator, El Abdominator, el Cagadetor, las zapatillas mágicas que adelgazan, Megatlón, Sport Club,todos los gimnasios barriales, todos los edificios con gimnasio, las viandas de 22 calorías, bla bla bla, todos ellos se estan llenando de oro. Pero ponele que bueno, laburan... o por lo menos tienen buen márketing... pero qué pasa? Quién más está recontrasuper ocupado con la new epidemi, la 11ava plaga que mandó Dios eh??
Las nutricionistas de la obras sociales.
Y un poco también los clínicos por el tema del colesterol y la diabetes.
Hablo de ORO. De meses de espera para tener un turno de mierda.
Y uno dice, bueno, pero laburan. ¡No! NO laburan, MIENTEN.
Y digo mienten porque, y esto es a lo que iba, hace 13 años que mi madre me declaró gorda y hace 13 años que en las balanzas de los médicos peso 2 kg más que en mi casa.
¡¡¡¡Nos hacen creer que estamos recontra excedidos para que sigamos yendo!!!!
Loco, en mi caso esos 2 kilos que me suman hacen la diferencia entre el normopeso y el sobrepeso. Y NO es MÍ balanza porque es NUEVA y es la balanza de Cormillot, asi que pesa bien. Y NO me estoy pesando en diferentes horarios del día porque me acabo de pesar y es de noche y NO tengo esos 2kg que me achacan.
ASI QUE SE VAN TODOS A LA CONCHA DE LA GORDA. De ahora en mas, haganme caso, restenle 2kg a cualquier pesada médica. Farmacias no sé porque ni da pesarse con ropa.
Después me cuentan si no tengo razón.
martes 8 de noviembre de 2011
Teen 4ever.
Todos sabemos, si no en teoría en la práctica, de la etapa lésbica de las adolescenes y/o pre-adolescentes....No, pero eso es después, en la secundaria. Hablemos de la amistad a los diez. Mi prima Cande nos permite hacer un estudio sociológico directo otrora imposible a través de su interación muro-muro con otras teens.
Mensajes como: "Nos bems mañiana en la eskuela", aparencen. O "Fuee regrasiozo lo k pasa en hibrit oy" (mi prima va al Buber). Hay varios felices cumpleaños por razones obvias, hay fotos y links a juegos a los que por miedo a hackers temibles no entraría.
Sonriendo, rememorando épocas pasadas, salgo del perfil de Cande y voy a la página principal. Grande fué mi consternación al ver una conversación muro-muro entre dos contactos facebookeanos de MI edad. "Sos una negra chingona, decile que a la noche le sacas el limpia vidrios", le dice una a la otra. "Callate putañera, qué hablas si tenes más cagazo que balcones", le responde...Y entonces, presa de la curiosidad, entro al perfil de contacto A. ¡Ah no! Era un cementerio de mensajes Candelísticos o diezanísticos entre mujeres que menstruan hace 15 años. Ahí ya no me pareció tan smile worthy y más bien me dieron ganas de llorar.
Conclusión: Si tenes más de diez años y sentís el impulso de mandarte mensajes coficados muro-muro con una amiga de tu misma edad, una de dos: o te suicidas y nos haces un bien a todos (tus toallitas menstruales SIGUEN contaminando el mundo y ya probaste no valer la pena) o te conseguis un cuarto en el Moyano y pedis que te encadenen hasta que alguien te saque las ganas de postear pelotudeces, así tengan que recurrir a la lobotomía.
Amen o como dicen los Les Luthiers, amen lo menos posible (entre pseudoteens).
jueves 27 de octubre de 2011
Lo que Está en mi Corazón.
Lo que está en mi corazón... ¿Qué está en mi corazón?¿Quién está?
Mi necesidad obvia y absoluta de volver a escribir se contrapone al desuso de mis facultades creativas y me encuentro en un espacio blanco, o negro, donde las dos fuerzas todavía no colisionaron. Y entonces deseo y me niego y necesito y me reprimo. No quiero escribir en primera persona, extraño las ficciones. Pero ¿qué está en mi corazón? ¿Qué historias esperan el cambio de guardia para colarse? ¿Qué personajes podrán surgir de mi mente enamorada?
Me voy.
A las ocho tengo que estar en el gimnasio.
Out (Side?)
No tengo amigas in. No tengo un marido in. Apenas algunos conocidos "border" y ni tanto.
Las oportunidades no me llueven, los proyectos cuestan y se escapan. Y la mayoría del tiempo no aparecen. Generar, emprender, crear, armar, imaginar... ¿Ad eternum?
Extraño la cocina del teatro, esa incomodidad permanente de alejarme del deber ser. Obvio que estoy "nostalgiando", ni falta que hacía la aclaración.
Y lo pienso de verdad, la vida no puede ser un encadenamiento de obligaciones... no puede. Pero se me nubla el juicio cuando llego a una casa mugrienta a las 9 de la noche después de no sólo haber trabajado, sino también cumplido con el deber del gimnasio. ¿Dónde está la x a despejar? ¿Hay lugar para el despeje o necesito una fórmula resolvente?
Aunque tal vez la mayoría se reduzca a un real y sincero extrañamiento del verano que se hace rogar. Qué se yo... hoy es 27 de octubre y afuera hace 12 grados, no sé qué pensar....
domingo 23 de octubre de 2011
Sebastián
Ella abandonó la comida porque empezó a darle asco. Se olvidó de cargar el teléfono y cuando se murió no se dió cuenta. Se mudó al sillón y puso Aida a todo volumen, pretendiendo sufrir por otra historia más que la propia. Evitó los espejos y las duchas. Hasta que un día después de mucho, encendió la tele y recordó de repente que el mundo siguió haciendo de las suyas mientras ella no estuvo.
Él se guardó un fin de semana a hacer el duelo. No hizo nada fuera de lo cotidiano, el domingo fué a lo de sus padres a comer ravioles y a la noche vió futbol de primera. El lunes empezó la semana con otro aire. Trabajó hasta lo más tarde que pudo y cenó basura todas las noches de la semana. Subió 3 kilos y no se dió cuenta. Bastante rápido volvió a ser viernes y se enfrentó a la disyuntiva del tiempo libre y qué hacer con él. Recordó la invitación de su hermana y armó un pequeño bolso para pasar sábado y domingo en la quinta.
Los días pasaron para ambos. Mal o bien, los días pasan. Lo único que queda es la falta, la sensación de despertarse cada mañana sin Sebastián, la insoportable certeza de que sin Sebastián no hay nada. Vacío.
Ella no sabe qué pasó pero le echa la culpa a él. Él se acuerda todo con lujo de detalles (preferiría no hacerlo) y no sabe qué decir. Igual todo es banal, y en esto estuvieron de acuerdo. Con Sebastián se extinguieron las palabras.
viernes 21 de octubre de 2011
Cambio de sexo
martes 18 de octubre de 2011
Perder
Sentada en la mesa de la cocina, sola al fin, se preguntaba qué es lo que había querido decir con eso de animarse a perder.
¿Animarse a perder qué?
Repasaba su razonamiento una y otra vez tratando de encontrar un ejemplo donde perder no fuera malo, donde no significara renunciar, donde lo que se resigna no hiciera doler.
¡Yo quiero todo! Se dijo. ¿Cómo podría, en mi sano juicio, elegir perder? Si la vida me da cosas, si yo misma genero, si incluso el azar me favorece de tanto en tanto, ¿para qué resignar un pedazo?
¡Sólo yo sé amar como yo sé! Que inaudito pensar que renunciar puede traer goce… No, no. Lo que habría que hacer es eficientizar el sistema para acopiar más y mejor. Porque lo dije dos renglones atrás y lo repito, ¡yo quiero todo! ¡Todo lo que esta vida tenga para dar!
Y no, no es que tenga pensado qué quiero. Digo nomás, que si cae maná del cielo sería estúpido tener antojo de otra cosa. Sería natural, tal vez, pero estúpido. Y yo no soy estúpida. Elijo pensar y decidir y eso me hace coherente. Nadie en su sano juicio podría elegir perder.
Acepto, sin embargo, que la escena final del Guardaespaldas me emociona. Los arrebatos de pasión holiwoodenses me entretienen pero no se asemejan a la vida misma. Nadie abandona algo que ama porque sí, porque es más cómodo, porque no es correcto. No. La gente de verdad intenta charlarlo, they talk it over (la expresión en Inglés es mucho más adecuada), y si él y su afán de libertad y ella y su mal carácter no son compatibles hacen terapia de pareja.
¿Qué es eso, entonces, de animarse a perder? ¿Se habrá vuelto loca? ¿Habráse unido a los Testigos de Jehová?
¿Qué se hace con alguien que defiende un dogma a rajatabla? Alguien a quien queres, digo.
Haciendo una introspección como si estuviera con la psicóloga me pregunto qué significa para mí la palabra perder… Mi mamá me retó una vez cuando era chiquita por dejarme los aparatos en un restaurant. No me olvido más de eso. Y… no sé, nada más. O sea que la sensación de perder está relacionada con la falta, con el castigo… ¡Y si, porque perder es A TODAS LUCES, malo!
¿Entonces?
Entonces no sé, me perdí.
(Y eso, claramente, es malo).
viernes 14 de octubre de 2011
BodyJump
Me dijeron que tengo cara de Camila, aunque ese no es mi nombre. Ni tengo 16 años, como me adjudican. A los diez años salí campeona metropolitana de gimnasia rítmica y aunque ahora no compito me gusta ir al gimnasio.
Yo voy todos los días a una clase que se llama BodyJump. Bueno, todos los días no, pero casi. Se hace arriba de una colchoneta elástica individual, sirve para tonificar las piernas y el abdomen.
Lo mejor de la clase es cuando el profesor me invita a subir al escenario con él. O sea siempre me invita, ya me sé todas las coreos de memoria, podría dar la clase entera yo sola. Mi objetivo secreto es que las chicas me sigan a mí en vez de a él. Me gusta saber que soy la mejor de la clase, es como que me hace sentir bien... Y ojo que muchas me miran.
Algunas me deben tener un poco de envidia. Bah, digamosle admiración. Es que yo siempre trato de dar más, de esforzarme más, de superar el dolor y el cansancio. Jamás me mostraría derrotada, ni siquiera ante un grupo de cinco viejas.
No tengo que ser injusta... a veces son seis.
Hoy invité a una amiga a la clase. Siempre la invito y nunca puede, ella también tiene un super estado físico y secretamente competimos por ver quién tiene mejor técnica arriba de la colcho. Somos re locas, hicimos toda la clase enfrentándonos, dejando al espejo de perfil. Yo la miraba saltar, levantar más y más las piernas y me daba bronca. Y también me partió de odio que el inutil del profesor la invitara a subir. ¡Yo soy mejor! ¡Yo aguanto más! ¡Tengo mejor cola!
La muy puta...
De cualquier forma, hicimos un despliegue fisico increíble para las viejas... no se lo merecían. No sé para que van, ni una le pone esfuerzo... ¡¡levanten las piernas!! Me pone nerviosa...
Bueno, al final de la clase, íbamos empatadas con Cecilia porque ninguna de las dos había aflojado, ni se había caido ni nada... así que se me ocurrió usar el track de abdominales para demostrar que soy mucho mejor y en vez de seguir la coreo le puse MUCHA más dificultad. O sea no es que me quisiera hacer la canchera, pero yo tengo mejor cuerpo, me da bronca que compita conmigo.
Bueno, no sé más que contarles... Me hice el blog para escribir sobre mí y esta es la segunda entrada, espero que les haya gustado. Please comenten. Acá les dejo para que vean qué es BodyJump.
domingo 9 de octubre de 2011
jueves 6 de octubre de 2011
Obsesion
Muchas veces le había mentido diciéndole que tenía sueño para evitar un encuentro para el cuál ella no había tenido tiempo de preparse. Y hablo de cualquier cosa: no estar perfectamente depilada, haberse olvidado de teñirse las canas o sentir que un rollo desgraciado asomaba por el costado del corpiño.
Él sospechaba que no podía estar tan cansada siempre y temía, sin asumirlo, que esta situación indeseable increyera hasta lo intolerable cuando les tocara vivir juntos. Pero era un hombre hecho y derecho y entendía que su rol no era cuestionar sino acatar. Es cierto, sin embargo, que jamás en esos dos años y tanto se dió cuenta de que su mujer estaba tan increíblemente presentable cada vez que le dejaba acercarse a ella. No era detallista y asumió sin mucha vuelta que ella era lampiña, tenía un pelo marron claro parejo y había sido beneficiada con un metabolismo envidiable que la mantenía flaca y esbelta.
Los meses pasaron, y los años y ellos seguían enamorados. Acostumbrados al caracter del otro, deseando apostar a un futuro de a dos, planificando viajes e hijos sin ton ni son. El veinte de diciembre decidieron que era hora de vivir juntos. Lo que habían planificado cien veces pensando que "ya había tiempo para" ahora aparecía como un gran muro de deber que no sabían como esquivar sin fallarle al deber ser. "Ya es hora" sabían cada uno por separado y ambos en conjunto aunque las ganas no se hacían presentes más que en las papas fritas que estaban compartiendo. Él pagó la cuenta y la llevó a su casa sin pedirle que lo invitara a subir. Reglas.
Mientras manejaba cruzando los tres barrios que lo separaban de su departamento buscó los más variados argumentos para convencerse de una buena vez de que ella era Ella. Se dijo, romántico, que no importaba si nunca más tenía sexo, no importaba si no lo dejaba dormir en su misma cama algunos días, porque no sería más que una prueba para su amor qué el juzgaba eterno.
Ella pensaba en tatuarse el delineado de los ojos. En hacerse la depilación definitiva y en comprarse ropa dos talles más grandes para cuando la visitara el rollo de la espalda. Y se dió cuenta azorada de que ninguna de esas soluciones era otra cosa que paliativos para como realmente ella era. Imperfecta. Fea. Impresentable. Inamable.
Hizo una lista de las cosas que debía resolver antes de pensar en convivir con él. Su economía le permitía afrontar solo algunas. Y el tiempo pasaba y con él, su desesperación crecía. Ahorraba cada centavo, dejó de comer al medio día, dejó de viajar en colectivo. Durante dos meses se comunicaron por teléfono porque ella no quería depilarse para poder pagar una sesión más de la definitiva. Adelgazó tanto que la ropa le quedó grande. Ah, pero eso sí le venía bien.
Lo que más le costó fué pelarse. La peluca le había costado casi 30 almuerzos pero valía la pena, era el pelo que ella jamás había conseguido usando los shampooes más caros.
Tres meses después y suponiendo que tenía todo resuelto, lo llamó y lo invitó a su casa.
"Ya estoy lista" le dijo cuando bajó del ascensor. Desafortunadamente él lo único que percibió es a una mujer esquelética con el pelo levemente corrido de costado que se dirigía a él en un tono perturbantemente familiar.