...EL ROMANCE EN LA LENGUA...

¡Aviso!

Este blog contiene textos ficcionales. Todo parecido con la realidad NO es mera casualidad, es simplemente parecido.
Si usted se siente identificado con algun texto, váyase a cagar. Seguramente algo mal hizo para ser musa de la desquiciada mente de la autora.

Leé - El libro

lunes 13 de febrero de 2012

Primer Amor

El amor siempre estuvo ahí, siempre. Esperándome.

Nací en Buenos Aires. Viví en Almagro durante veintidos años de mi vida. Hasta que fué tiempo de independizarme y mudarme quince cuadras más lejos, hasta el famoso barrio de Villa Crespo.
Todo el mundo cuando se muda sale a pasear por su nueva manzana, empieza a conocer los negocios y anota mentalmente direcciones necesarias: zapatería, tintorería, panadería...
Yo hice lo propio. Con la salvedad de que a mí, nadie me esperaba en casa para saber cómo me había ido. Ni para comer, ni para charlar, ni para cojer.
Al principio salía a caminar sin rumbo y me encontraba con cosas inesperadas. Un teatro nuevo, una galería escondida por rejas, negocitos de arte que no había visto...
Y así empece a recorrer Buenos Aires de punta a punta. Entré al teatro Colón y a los túneles de la Manzana de las Luces. Me asomé al balcón en la Casa Rosada y le toqué la puerta a Mauricio Macri en el edifico del Gobierno de la Ciudad. Aprendí de flora en el Jardín Botánico y me saqué una foto con la fuente del Jardín Andalúz en el Museo Larreta.
Era inacabable. Cuanto más conocía más quería conocer. Meterme en esos lugares donde nadie se había metido, apropiarme del disfrute de la contemplación de lo bello. Estaba apasionada con mi ciudad, en la que siempre había estado y hasta ese momento no había visto.
Buenos Aires me deslumbró con su belleza y me mantuvo apasionada durante meses, durante años. Dejé de sentirme sola, porque cuando caminaba por la calle, de la oficina a mi casa, estaba paseando por mi amada ciudad. Los trámites dejaron de ser un suplicio y aprovechaba para meterme de improvisto en cualquier edificio histórico. Es fácil caer en lo no verbalizable cuando uno entra al salón dorado de La Casa de la Cultura.
Cumplí 23 y 24 dentro de una sala de teatro. No eran obras trascendentes, ni salas majestuosas, se trataba de propuestas teatrales de las que abundan en Buenos Aires, y no había ninguna otra forma, para mí, de cumplir años, que no fuera en companía de mi amor.
Estudié Historia del Arte en la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes, ví cine en el Malba, invité a mis padres a conocer El Museo de Arte Decorativo y cuando me cansaba de caminar, paraba a tomar café en Las Violetas.
Pero durante nuestros años idílicos no fué todo color de rosas.
Me agarré mis buenas pataletas viendo como mi amada y única, mi hermosa, era ajada y destrozada y arruinada por bándalos de edades diversas. Me rebelé cotra la gente que la ensuciaba adrede, y quise quemar a más de un colectivo que por pura desidia de sus dueños evitaban que MI cielo azul luciera su tonalidad plena por el smog mugroso que largaban.
Odié a los turistas que inundaban la calle Florida con su presencia cuando yo quería circular sin interrupción ida y vuela, viendo vidrieras y parando en los puestos de revistas. Era MI ciudad, mía y no podía asumir, en mi rincón más irracional, que otros quisieran robarme el usufructo.
Los domingos a la mañana se ponía hermosa para mí. Solitaria, calladita. Retumbando a la juventud que pasó sin percibirla mientras yo dormía. ¡No sea cosa que diga que yo la abrumo y no le doy espacio! Caminaba por el Parque Centenario yendo a comprar facturas para el mate matutino y respiraba Buenos Aires. Mi alma estallaba de regocijo.

Como todos los primeros amores, por razones que no estan del todo claras, uno deja de sentir esa absoluta devoción por el otro. Convive con el recuerdo del primer amor y continúa, en busca del definitivo. Los 25 me encontraron haciendo el amor con un hombre de carne y hueso. De él también me enamoré. Le juré fidelidad desde que supe que lo amaba, pero ,entre nosotros, cada tanto lo dejo mirando futbol y me tomo el subte hasta Plaza de Mayo.

jueves 9 de febrero de 2012

Divertido

Esto, esto que estamos haciendo, debería ser divertido.
Eso me dice. Como si yo no supiera que DEBERÍA ser divertido. Entretenido al menos.
Y no es. Que algo estamos haciendo mal, dice. "Estamos" para no echarme la culpa que considera que tengo. Ella también es parte del problema.
Le digo que prefiero bajar la persiana y pasar a otro asunto, que el tiempo que perdí, que invertí mejor dicho, ya fué suficiente, más no tengo, voy a cumplir 27 y estoy grande.
Grande para qué me pregunta como si no supiera. Grande para seguir empujando cuando claramente la pija es corta. Que ejemplo tan fálico, opina. Las palabras no son inocentes. Y vos no tenes la pija corta, vos no tenes pija, me recuerda.
Por eso, retruco, es inutil seguir empujando, no hay nada que poner. No puedo, no puedo, no sé cómo, me harté de que me menosprecien quienes podrían ayudarme.
Te hartaste, repite, condescendiente. Tratando de exasperarme más de lo que ve que estoy. No entiendo a qué va.
Si, me harté. ¿No me puedo hartar? ¿Cuánta mujer suelta circula por la vida sin sospechar siquiera lo que otras estamos necesitando construír? ¿Cuánta mujer va a la manicura dos veces por mes? Y bueno, ahí esta.
Y vos pensas que vas a durar cuánto haciendo esa vida, pregunta.
No sé, lo que dure. Me dedicaré a consumir cultura y a ser linda. Y otra vez intento revelarme contra lo que se espera de mí. O se espera que yo desee para mí. Terminar con este capítulo carpochoso de mi vida donde de puro soberbia pensé que había forma.
Hacé lo que quieras, nadie te obliga a nada, dice.
Se merece como mínimo un sopapo. Sí me obligan le digo. Vos me obligas. VOS me recordas durante cada minuto de mi existencia que NO estoy haciendo lo que DEBO hacer. Voy a tener un ataque de pánico y te lo voy a dedicar.
Se supone que esto que estamos haciendo tiene que ser divertido, dice, si no es divertido, algo estamos haciendo mal.

¿Cómo es que no tengo un Rivotril en casa? ¿Cuándo fué que alguien me convenció de que los psicofármacos son peligrosos?

No me puedo dormir. No me puedo dormir. No me puedo dormir.

Todas las puertas estan cerradas, y yo desfallezco de impotencia.

lunes 6 de febrero de 2012

Perder

Con la ropa se van los tabúes. Eso es siempre primero.

Después se pierden mayoritariamente los puntos de vista y la perspectiva. Se empiezan a conjugar los verbos en tiempo condicional aún sabiendo que los supuestos planteados nunca son ni serán reales.

Se sigue por el sacrificio de la razón y del sentido. Se sucumbe en la más humana locura no medicable donde los actos y discursos carecen de sustento. La inseguridad gana territorio.

Luego viene la etapa, más apacible, de la pérdida completa de identidad. El ser se olvida de sí y se transforma en un despojo de sentimientos no verbalizados y pura sexualidad. Perdió el uso del lenguaje asi que se ve en la necesidad de citar a otros casi continuamente.

Concluído el idilio, se evita so pena de muerte anoticiarse del paso a mejor etapa. Se traen los recuerdos como catalizador de la relación y se continúa haciendo como que nada ha sucedido en las mentes de los involucrados. De todas formas se evidencia una reaparición de la capacidad cognitiva y a partir de ahí el ser es capaz de negar a inconciencia lo que antes realmente no sabía.

Por último se llega al lugar donde los recuerdos ya no son suficientes. La mente está plenamente recuperada y dejó, figurativamente hablando, de comer mierda. Los mecanismos que antaño activaron la sinrazon ya no son efectivos. La libertad es recibida de maneras diversas. Muchos no la quieren por más que sepan que no es electivo. Hay otros que la miran de sopetón, como recordándola de otra vida. Los más se sienten vacíos y desesperados buscan otro carcelero que los mantenga lejos, lejísimos, de mirar a los ojos a quien, sin verbos condicionales, los pueda amar.

viernes 3 de febrero de 2012

Colaboración

Señoras, señores, he colaborado con Revista Cotorra con la agenda cultural.
Para los curiosos, acá va:
http://www.revistacotorra.com.ar/2012/02/agenda-invitada.html
Salút!

lunes 30 de enero de 2012

Josefa Hernandez

Habrá algún José Hernandez, pululeando por mis pagos, y me dirá que pa´ rimar bien, hay que ser dado. Será veraz tal vez el enunciado antedicho, y sin duda más me valdría renunciar que seguír el capricho. Mas soy hembra de buenas palabras y grandes cometidos, por eso no abandono cuando es bueno el objetivo. Y cuando el tamaño de la empresa me supera en energía, duermo la siesta y sigo otro día. Porque a renunciar no me han enseñado, y fuí a los mejores colegios, donde no he aprendido a versear pero sí el Padrenuestro.
Mujeres de muchos tipos hay, vienen de calidades diversas, yo soy de las complicadas, de las que otras detestan. Los hombres se me enamoran aunque estén comprometidos, se deslumbran con mi carisma, se maravillan con mi libido. Y yo por seguir libre, los depacho sin miramientos, una cosa es ser mina y otra entretenimiento. A mi no me van a venir con pretenciones de perfil bajo, a mí ser sencilla me cuesta mucho trabajo.
Cuando otra mujer me cruza con mala espina, detengo mi marcha y la increpo a la mina. Qué pasa con usté señora, le pregunto, y si me mira mal, le escupo un insulto. Ninguna se mete conmigo a la hora de los bifes, tengo el cabello de acero y de hierro las raices.
Usté que está leyendo seguro me creyó morochona. Eso es porque es racista, porque es mala persona. Soy gringa como el meridiano cero, alta, lechosa, y de apellido Lucero. No tengo la culpa de estar rodeada de pacatas, yo soy mujer y tengo abiertas las patas.
No confío en capataces, yo misma cuido mi chacra, son asquerosos y haraganes, todos la misma lacra. Arriba del pingo y a ojo controlo el ganado, las vacas son fieles, no se van a ningun lado. Me pierden los terneros, fuente de regocijo, way que alguien los toque, pa mi son como hijos.
Se vino la noche derrepente, como pasa acá en La Pampa, es hora de sacarme las botas y de alimentar la potranca. Concluyo acá con esto, que me gana la fatiga, voy a encender la olla, pa llenar la barriga.
Vaya con dios compradre, que tenga un buen descanso, disfrute la noche cerrada, que duerma como un remanso. Mañana tempranito hay que volver a la faena, me despido del lector atento, que tenga una noche amena.

Parejas (indignación)

Dos parejas, dos. Con dos me topé esta semana, este mes.
Una. La dueña de mi departamento. Mujer de 60 años, vino sola a firmar el contrato.
El señor que nos consiguió el departamento es un intermediario que se encarga, según nos contó, de hacer lo que una inmobiliaria debería. Conseguir inquilinos. Le pagamos comisión por su trabajo y estaba presente el día de la firma del contrato. Si conocía a la señora, no se notaba.

Y AHORA ME ENTERO QUE SON MARIDO Y MUJER.

Más allá de la transfuguez de cobrarme comisión por alquilarme TU departamento... ¿No te da para NO avergonzarte de tu mujer? ¿No te da para darle un beso cuando llegas a un lado y decirle hola?

Dos. Una mina. Conocida de conocdia. Vive con su novio hace años. Años. Me vengo a enterar ahora que no lo tiene en Facebook. "No quiero que me revise la cuenta". Y "él no quiere que ella lo tenga en Twitter".

WTF???

Que alguien me lo explique. O sea... no, no entiendo. Si se van a cagar mutuamente... ¿Por qué no lo blanquean y se cagan de la risa? ¡Vayan a una fiesta swinger! Uno imagina lo bien que la va a pasar el bebito que van a tener proximamente.

En fin.
Si estan con alguien, no sean así. Me van a matar de un soponcio.

Parejas

La mujer le pidió que la dejara en paz y él se lo tomó al pié de la letra. Se desvinculó de sus asuntos (los de ella) y dejó deliberadamente de saber en qué andaba. Le dió la libertad que él pensó que ella le pedía.
Ella, por supuesto, se sintió abandonada. Con todo derecho, además, porque su hombre ya no se preocupaba por saber de ella. Y si bien nunca había sido celoso, percibía un dejo de indiferencia hacia las relaciones que mantenía con otros hombres. Sin que él estuviera ahí, observando de lejos, ella se desvanecía en la nada. La mirada de él, la potencíal, la transformaba en quien era, en ella misma.
Pero él se hinchó las pelotas. Mientras no lo cagara, y se sentía seguro como se sienten todos los hombres de que sus mujeres no los cagan, que hiciera lo que quisiera. No le iba a preguntar, no la iba a perseguir, no la iba a cuestionar. A la mierda, que hiciera su vida.

Duraron lo que cualquier pareja sana dura en esos términos. Dos meses. Cuando él dejó de preocuparse por estar al tanto, se dió cuenta de que le daba igual, ya no le importaba tanto. Cuando ella perdió los ojos de él, hizo el duelo y un día se despertó sabiendo que podía armar una vida sin él.

Qué raro. Hay parejas de todos los colores. Y las hay sanas. Y las hay enfermas.
Y sobre todo, hay parejas que se aman. Y otras que simplemente, no.

sábado 21 de enero de 2012

Zona de desastre

Pongan el staging que quieran, el que más les guste.
La cosa es que nos cruzamos. Era tan probable como improbable en esta superpoblada ciudad donde todos estamos cerca.
Ella y yo nos ponemos tensas, la veo cambiar el gesto relajado de la frente por uno arrugado y tenso. Reacciono e intento mantener los músculos de mi cara tal cual estaban un segundo antes. No quiero que se me note. Nuestros ojos se enuentran en algún punto del cruce de miradas, supongo que más cerca mío por mi mala visión. Aumentamos un poco la velocidad de la marcha, me doy cuenta porque el punto de cruce se me viene encima cada vez más rápido.
Ellos, o por lo menos él, endereza la espalda y se yergue en gesto masculino básico. No veo qué hace Fer. Es probable que esten midiendo las posibilidades del adversario en el caso, probable, de que tuvieran que agarrarse a piñas.
Me gustaría, no lo voy a negar.
El nudo en el estómago se rellena de imágenes y recuerdos y se inflama. "Me lo van a tener que drenar" pienso, sacando la ironía de no sé dónde.
20, 30 centímetros para la zona de desastre.
No puedo.
No puedo seguir, no puedo volver.
La cagaste lindo, pienso. Y al rescate viene la altanería que encuentra una ruta alternativa y llega justo a tiempo.
Nos cruzamos. Las cuatro miradas confluyen en un punto único donde nunca más será posible la vida vegetal.
Busca una reacción y en vez, encuentra un vocablo: "Hola", dice y sigue su rumbo. Son sus orígenes ingleses, seguro, pienso. Y reacciono. "Hola, qué tal" le digo, sin dejar de caminar despreciando con la mirada a uno y a otro.
Me da pena que no haya habido tunda.
Fer me mira, extrañado pero no dice nada.
El resto, es bruma.

viernes 13 de enero de 2012

Telemarketer

Una señora llama por teléfono al call center de Farmacity.
Le cuenta en un tono muy ofendido a la chica que le tocó atenderla que ella SIEMPRE usa la Ponds Rejuvenece y ahora no hay más. La telemarketer le pregunta si se fijó en otras tiendas y ella le dice que si, que recorrió las del barrio y no tienen. La chica no sabe muy bien qué responder y le dice que llame la semana que viene que probablemente va a entrar. La mujer le dice que no, que ella sin su crema va a enjecer mil años por noche. Le exige que le consiga un pote INMEDIATAMENTE.
Se disculpa la telefonista y le dice que ella nada puede hacer, no tiene acceso al stock de las diferentes sucursales y no sabría a quién llamar con semejante extravagancia. La señora alza la voz. Le dice ahora si, montada en furia, que no está bien ser condecendiente sólo porque se es jóven. Que ya va a entender ella los problemas de la vejez y que es una irrespetuosa y una maleducada. Le grita que no tiene integridad y que es incompetente en su trabajo. La chica está muda. Petrificada. Se hace un silencio. Ninguna habla pero ninguna corta.
La telefonista (que la señora imagina jóven) haciendo uso de sus neuronas no integradas al discurso que le enseñaron le pregunta cordialmente si probó en otras perfumerías.
La mujer le responde que NO, ella es clienta FIEL de Farmacity, que JAMAS se iría a la competencia. Y siguió con "Qué clase de empleada sos vos que me manda a comprar a la competencia, te voy a denunciar con tu jefe para que te dejen en la calle...." ya saben.
No hay nada más que decir de ningun lado. La señora necesita tomar aire, la chica mira a su alrededor chequeando si alguien vería si cortase el teléfono. Su supervisora está demasiado cerca.
De repente en la línea un sonido: ¿Me vas a conseguir la crema nena?
La telemarketer no lo piensa dos veces: Si, señora. Vaya a la sucursal de Medrano y Corrientes, y preguntelé a Natalia por el pote de crema que dejó Laura a nombre de usted. ¿Cómo es su nombre? Norma, Norma Cualquiera. Ok, Norma, vaya tranquila que lo va a encontrar.
Biiiip. Silencio.
¿Quién será Natalia, quién será Laura? No importa, cuando vuelva a llamar será problema de la telemarketer de al lado. Y si te he escuchado, no me acuerdo.

miércoles 30 de noviembre de 2011

Buscarme

Lejos. Pero lejos lejos. Lejos como las 10 horas que tarda la vuelta de Mendoza para un porteño fanático. Lejos como el control remoto en la otra mesa de luz. Lejos como los 15 minutos que te falta correr en la cinta. Lejos.
Lejos de de todo, de mí, de él. Pero sobre todo de mí. De lo que me prometí. De lo que me quiero.
Me pegué un escopetazo en la boca del estómago y supuse, sigo suponiendo, que las horas van a ayudar a coagular la herida evitando que me desangre. Supe al instante que no, que sólo poniendo la mano y doblándome de dolor iba a sobrevivir. Y gritar. Pero eso no pude.
Por esto estoy lejos, alejada de mí. Estoy renaciendo, una vez más. Me perdoné, pero mi cuerpo todavía no se agiorna. Pagamos las consecuencias en comunidad. Hasta el gato.
Ahora sólo me duele la cabeza, probaría con un analgésico, por qué no. Lo que perdura es la lejanía, porque no se inventó aún un Ibupirac Cerca. Estoy acostumbrada a esperarme, ya voy a llegar.
Es esta sensación rara de extrañarme tanto la que no me deja ir a buscarme.

martes 22 de noviembre de 2011

Llantismo.

Es curioso lo que descubrí el viernes.
Si, porque pareciera que ciertas personas creen que el gimnasio es un templo budista. No quiero decir que entran descalzos, más bien todo lo contrario. Se calzan las llantas cual trapito de Barrio River y way que tengan una manchita, way.
En el gimnasio se curte zapatilla limpia. Sobre todo blanca y limpia.
Obviamente las mías no se lavan desde 1992 (eran de mi madre) y eso me lleva a preguntarme si me mirarán mal por eso... (¿O será que saben que los odio a todos? ¿Saben que planeo MUY seriamente poner una bomba?)...

En fin, descubrí el temita de la zapatilla blanca. Y me dió un poco de rabia, o sea más que antes, pero digo, ¿Qué necesidad hay de gastar agua en lavar algo que no sirve más limpio que sucio? Te entiendo lo de la pollerita que dice Body Sistems, te entiendo esto de gastarte medio sueldo en un conjunto Nike para "runers" (porque Nike no hace outfeets para gimnásticas, ejem), ¿¿¿Pero las putas zapatillas de punta en blanco todos los santos días???
¿Cuántos pares tenés?

Y eso me lleva a otro gran descubrimiento sociológico:
Las minas que aman el gimnasio 1) Son solteras o 2) Viven con sus madres.

Otro día hablaremos de por qué Vicky se pone arriba de la musculosa una remera manga corta...¿No tiene calor? ¿Eso nos quiere decir? Ya habrá tiempo para eso. Ahora quería hacer una breve reflexión a cerca del, llamémosló, llantismo.

La mina triste, infrarealizada, simple... siente que la zapatilla blanca es como un Ricky Sacarni brand new. Se cree que la zapatilla hace las veces de zapato de cenicienta y por lo tanto, sería desagradable que el príncipe azul (en este caso la colchoneta azul) tocara un calzado roña. Se siente bella montada en sus llantas, como caballos blancos. Y no importa si del tobillo para arriba es un mar de chivo salado y oloroso, no importa, porque las zapatillas están blancas. Y radiantes. Y tal vez sea la única vez que alguien hable de ellas como "radiantes" y lo saben. Dusfrutan los microsegundos que les dura el salto y hacen de sus zapatillas palomas mensajeras, que volando llegan al espejo y rebotan y les devuelven una imagen idealizada de ellas mismas y las motiva y se esfuerzan por levantar más las piernas, más. Se excitan con el chivo goteándoles por el escote, por la panza, por fuera de la ropa hasta a penas rozar la media y hundirse en el algodón alcolchonado de sus Nike Sports Woman.

Hasta que la música punchi se termina y mientras yo le agradezco al díos de todos los intelectules amantes del arte, ellas se deprimen porque el reloj dió las doce y se trasnformaron en quienes realmente son. Y hieden. Y se ven incogibles.
"Elongamos". Yo calculo los segundos para huir... y sumo puntos a mi idea de esconder una calibre 32 en la cartera. Ellas se miran con desdén. Hasta mañana a las siete, pondrán la vida en stand by.

miércoles 16 de noviembre de 2011

Obesidad

La obesidad (y su familia) es (son) el problema del siglo, dicen. Es una epidemia, leemos en la Para Tí. Mi madre se indigna cuando vé a una gorda tomando Coca y comenta, "ves, es evidente que tiene un problema". En fin.
Si la hipótesis es correcta, o semi-correcta, pasamos a la prótesis. Es decir:
"Si la obesidad es el problema del siglo, entonces las soluciones para la obesidad son el negocio del siglo".
Dieta Club, Alco, Ravena, El Té del Doctor Ming, el Escalator, El Abdominator, el Cagadetor, las zapatillas mágicas que adelgazan, Megatlón, Sport Club,todos los gimnasios barriales, todos los edificios con gimnasio, las viandas de 22 calorías, bla bla bla, todos ellos se estan llenando de oro. Pero ponele que bueno, laburan... o por lo menos tienen buen márketing... pero qué pasa? Quién más está recontrasuper ocupado con la new epidemi, la 11ava plaga que mandó Dios eh??

Las nutricionistas de la obras sociales.

Y un poco también los clínicos por el tema del colesterol y la diabetes.

Hablo de ORO. De meses de espera para tener un turno de mierda.

Y uno dice, bueno, pero laburan. ¡No! NO laburan, MIENTEN.
Y digo mienten porque, y esto es a lo que iba, hace 13 años que mi madre me declaró gorda y hace 13 años que en las balanzas de los médicos peso 2 kg más que en mi casa.
¡¡¡¡Nos hacen creer que estamos recontra excedidos para que sigamos yendo!!!!
Loco, en mi caso esos 2 kilos que me suman hacen la diferencia entre el normopeso y el sobrepeso. Y NO es MÍ balanza porque es NUEVA y es la balanza de Cormillot, asi que pesa bien. Y NO me estoy pesando en diferentes horarios del día porque me acabo de pesar y es de noche y NO tengo esos 2kg que me achacan.

ASI QUE SE VAN TODOS A LA CONCHA DE LA GORDA. De ahora en mas, haganme caso, restenle 2kg a cualquier pesada médica. Farmacias no sé porque ni da pesarse con ropa.

Después me cuentan si no tengo razón.

martes 8 de noviembre de 2011

Teen 4ever.

Mi prima Cande tiene diez. Bah, los cumplió la semana pasada. Mi prima Cande, al igual que su hermana mayor, tiene Facebook.
Todos sabemos, si no en teoría en la práctica, de la etapa lésbica de las adolescenes y/o pre-adolescentes....No, pero eso es después, en la secundaria. Hablemos de la amistad a los diez. Mi prima Cande nos permite hacer un estudio sociológico directo otrora imposible a través de su interación muro-muro con otras teens.
Mensajes como: "Nos bems mañiana en la eskuela", aparencen. O "Fuee regrasiozo lo k pasa en hibrit oy" (mi prima va al Buber). Hay varios felices cumpleaños por razones obvias, hay fotos y links a juegos a los que por miedo a hackers temibles no entraría.

Sonriendo, rememorando épocas pasadas, salgo del perfil de Cande y voy a la página principal. Grande fué mi consternación al ver una conversación muro-muro entre dos contactos facebookeanos de MI edad. "Sos una negra chingona, decile que a la noche le sacas el limpia vidrios", le dice una a la otra. "Callate putañera, qué hablas si tenes más cagazo que balcones", le responde...Y entonces, presa de la curiosidad, entro al perfil de contacto A. ¡Ah no! Era un cementerio de mensajes Candelísticos o diezanísticos entre mujeres que menstruan hace 15 años. Ahí ya no me pareció tan smile worthy y más bien me dieron ganas de llorar.

Conclusión: Si tenes más de diez años y sentís el impulso de mandarte mensajes coficados muro-muro con una amiga de tu misma edad, una de dos: o te suicidas y nos haces un bien a todos (tus toallitas menstruales SIGUEN contaminando el mundo y ya probaste no valer la pena) o te conseguis un cuarto en el Moyano y pedis que te encadenen hasta que alguien te saque las ganas de postear pelotudeces, así tengan que recurrir a la lobotomía.

Amen o como dicen los Les Luthiers, amen lo menos posible (entre pseudoteens).

jueves 27 de octubre de 2011

Lo que Está en mi Corazón.

Hay un libro que escribió Marcela Serrano cuyo título me persigue día tras día. "Lo Que Está en mi Corazón". Más de un desalmado dirá "uf! esta chica se está comprando clichés al por mayor" y aunque podría decir en mi defenza que el libro no lo titulé yo, voy a otorgar callando... o no escribiendo.
Lo que está en mi corazón... ¿Qué está en mi corazón?¿Quién está?

Mi necesidad obvia y absoluta de volver a escribir se contrapone al desuso de mis facultades creativas y me encuentro en un espacio blanco, o negro, donde las dos fuerzas todavía no colisionaron. Y entonces deseo y me niego y necesito y me reprimo. No quiero escribir en primera persona, extraño las ficciones. Pero ¿qué está en mi corazón? ¿Qué historias esperan el cambio de guardia para colarse? ¿Qué personajes podrán surgir de mi mente enamorada?


Me voy.


A las ocho tengo que estar en el gimnasio.

Out (Side?)

Un poco out, dije. Pero no ida en el sentido... psiquiatrico de la palabra, no. Es un afuera afuera, como si dijera "La vida me parece una fiesta a la que nadie se ha molestado en invitarme" citando a Ismael. Y cuando hablo de la vida hablo de esa vida particular que yo quiero vivir.
No tengo amigas in. No tengo un marido in. Apenas algunos conocidos "border" y ni tanto.
Las oportunidades no me llueven, los proyectos cuestan y se escapan. Y la mayoría del tiempo no aparecen. Generar, emprender, crear, armar, imaginar... ¿Ad eternum?
Extraño la cocina del teatro, esa incomodidad permanente de alejarme del deber ser. Obvio que estoy "nostalgiando", ni falta que hacía la aclaración.
Y lo pienso de verdad, la vida no puede ser un encadenamiento de obligaciones... no puede. Pero se me nubla el juicio cuando llego a una casa mugrienta a las 9 de la noche después de no sólo haber trabajado, sino también cumplido con el deber del gimnasio. ¿Dónde está la x a despejar? ¿Hay lugar para el despeje o necesito una fórmula resolvente?

Aunque tal vez la mayoría se reduzca a un real y sincero extrañamiento del verano que se hace rogar. Qué se yo... hoy es 27 de octubre y afuera hace 12 grados, no sé qué pensar....

domingo 23 de octubre de 2011

Sebastián

Hubo dos partes. Siempre pasa. Ella se concentró en hacerlo desaparecer de su memoria. Él nada, no intentó nada.
Ella abandonó la comida porque empezó a darle asco. Se olvidó de cargar el teléfono y cuando se murió no se dió cuenta. Se mudó al sillón y puso Aida a todo volumen, pretendiendo sufrir por otra historia más que la propia. Evitó los espejos y las duchas. Hasta que un día después de mucho, encendió la tele y recordó de repente que el mundo siguió haciendo de las suyas mientras ella no estuvo.
Él se guardó un fin de semana a hacer el duelo. No hizo nada fuera de lo cotidiano, el domingo fué a lo de sus padres a comer ravioles y a la noche vió futbol de primera. El lunes empezó la semana con otro aire. Trabajó hasta lo más tarde que pudo y cenó basura todas las noches de la semana. Subió 3 kilos y no se dió cuenta. Bastante rápido volvió a ser viernes y se enfrentó a la disyuntiva del tiempo libre y qué hacer con él. Recordó la invitación de su hermana y armó un pequeño bolso para pasar sábado y domingo en la quinta.
Los días pasaron para ambos. Mal o bien, los días pasan. Lo único que queda es la falta, la sensación de despertarse cada mañana sin Sebastián, la insoportable certeza de que sin Sebastián no hay nada. Vacío.
Ella no sabe qué pasó pero le echa la culpa a él. Él se acuerda todo con lujo de detalles (preferiría no hacerlo) y no sabe qué decir. Igual todo es banal, y en esto estuvieron de acuerdo. Con Sebastián se extinguieron las palabras.

viernes 21 de octubre de 2011

Cambio de sexo

No logro superar la repulsión a las minas que creen que el gimnasio importa, decía en Twitter apenas salida del Sport Club Caballito. Indignada.
Y trataba de resumir en 140 caracteres los pensamientos y reflexiones de una hora de saltimbanqui al reverendo pedo.
"Deberían prohibirle la entrada a estas chicas", pensaba. Esto claramente no puede ser saludable. Si a los ludófilos habría que sacarlos a patadas en el culo de los casinos, a las gym-freaks, habría que esperarlas en la entrada con una ambulancia y tratarlas con ansiolíticos. No, en serio lo pienso eh.
Porque, ¿Cómo se llama al individuo que disfruta de ser torturado? Loco de mierda. ¿Y no estamos todos de acuerdo en que ir al gimnasio ES una tortura? ¿Entonces?
No podía creer, mientras lidiaba con el dolor punzante debajo de la costilla derecha, mientras mis gemelos pedían el cambio, cómo las dos imbéciles de adelante mío se miraban al espejo y disfrutaban de la imagen que veían. Se excitaban más. Como si verse transpiradas y cansadas les aumentara el deseo de seguirse agotando. ¡Por díos! ¡¡Eso no es ni femenino!! ¡Una mujer que se precie de tal no dejaría que ningún hombre la viera en ese estado de decadencia, hay que decirlo!
Y lo peor, lo más triste de todo, es que de tanto saltar muy alto muy alto, tienen unas macetas que mi balcón envidiaría. Y cero cintura. Y necesitan usar corpiño con push up abajo del top para hacer creer que todavía conservan algun resabio de naturaleza femenina. No les creemos.
No veo la dificultad de encarar que son varones nacidos en un cuerpo equivocado y hacerse el cambio de sexo... Vicky se transforma en Victor y Juli en Julio o Julián. Y ahí todos contentos, porque tipos contentos en el gimnasio abundan, esos pueden seguir viviendo.